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EL PRECIO DEL DINERO: Tipo de interés Nominal y TAE

El precio del dinero, no es en este caso el nombre de una película de cowboys, es la definición más sencilla que comúnmente se usa en economía para definir el concepto de tipo de interés.

El tipo de interés, es un tipo que está con muchísima probabilidad muy presente en nuestras vidas. Desayuna, almuerza y cena con nosotros, es por ello, que hoy vamos a tratar de dejar claro qué es y cómo funciona.

Para empezar a conocer el concepto, podría ser un buen comienzo ver la perspectiva desde la que estamos valorando un tipo de interés:

a) ¿Vamos a pagar un tipo de interés? ¿Vamos a pagar un precio al banco? Nos interesa que sea bajo.

b) ¿Vamos a cobrar un tipo de interés? ¿Vamos a recibir un dinero del banco? Mientras más alto mejor, por favor.

De esta primera distinción se origina lo que no todos saben, el tipo de interés no es una cifra única, hay uno distinto por ejemplo para el caso a) y otro bien distinto para el caso b).

Si nos queremos poner más técnicos, el primer caso sería el tipo de interés de los préstamos, es decir, el precio que nos cobra el banco por dejarnos una determinada cantidad de dinero. El caso b) nos daría el tipo de interés de los depósitos, el precio, expresado en tanto por ciento, que nos paga nada generosamente el banco, por tener a disposición el total o parte de nuestros ahorros.

Vale, el tipo de interés es un precio. Es el precio por qué te presten o por dejar prestado dinero al banco. Pero, ¿Cómo se determina? Pues igual que el precio de cualquier bien, por ejemplo, la leche. Se determina por la confrontación de la oferta y la demanda de dinero. Cuando la mano invisible del mercado se da cuenta de que la cantidad de lo que los bancos quieren ofrecer a un precio, coincide con lo que las personas necesitan pedir y pueden pagar. Si el banco pretendiese prestar cobrando más, no conseguiría prestar todo el dinero que tenía pensado destinar a tal fin. Si por el contrario, el público pretendiese conseguir préstamos más baratos, habría gente que no lo conseguiría y se quedaría sin ese dinero que necesitaba. Pues bien, en ese acuerdo misterioso que se produce fruto de la negociación entre las partes del mercado, se determina este precio, que es, en este ejemplo, el tipo de interés de los préstamos.

Ahora que ya tenemos más claro que es el tipo de interés, ¿podríamos elegir sin temor donde pedir prestado o dónde invertir esos ahorrillos que tanto esfuerzo nos ha supuesto guardar?

No, antes habría que preguntarse cómo será la frecuencia de pago o cobro. No es lo mismo ir a un banco que te ofrezca un 1% anual a otro que te ofrezca un 1% mensual. Siendo muy básicos y sin entrar en el sistema compuesto mediante el cual se calcula la ganancia, la primera opción te daría 1€ en todo el año y la segunda te daría ese euro, todos y cada uno de los doce meses del año, por lo que habrías ganado más con la segunda opción. Ambos tipos de interés eran del 1% pero el plazo o la frecuencia del pago condicionó al final el resultado.

Para solucionar esta confusión que se originaba cuando los bancos lanzaban sus mensajes publicitarios basados en ese número porcentual sin tener cuenta el plazo, se crea la TAE, tasa anual equivalente o efectiva, que ya si tiene en cuenta el plazo, las comisiones y por supuesto el tipo de interés.

Es decir, con la TAE se obtiene un porcentaje que incluye otras comisiones que se pagan al comienzo o durante la vida del producto financiero y que lógicamente, deben ser tenidas muy en cuenta. Si por ejemplo, dos prestamos presentan diferencias sustanciales en la comisión de apertura (lo que nos cobran sólo por el hecho de pedir el préstamo), la TAE recogerá estas diferencias y nos ayudará a decidir.

La expresión matemática de la TAE es:

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Donde r, es el tipo de interés y f es la frecuencia en meses del pago o cobro, es decir, del vencimiento o los vencimientos.
Pongamos un ejemplo:

Julián desea invertir 1000 € y duda entre hacerlo en un fondo con un 10% TAE y otro con un 4,5%TAE.

A simple vista parecería fácil ver que la opción buena es la primera pero si entramos en la letra pequeña, vemos en este ejemplo que la primera opción tiene una duración de un mes, mientas que en la segunda, el vencimiento es a doce meses.

Con la primera opción, simplificando mucho ganaría 100 euros al cabo de 12 meses pero como el producto vence al mes, sólo ganaría 10 euros.

Con la segunda opción, ganaría 40 euros que cobraría a los doce meses.

Vemos como el vencimiento nos ha hecho inclinarnos por un producto de menor TAE.

Conclusion: no podemos usar la TAE para comparar, si el vencimiento no es el mismo.

En el caso de las hipotecas, la cosa se complica aún más, ya que una TAE atractiva supone más que probablemente la obligación implícita de contratar productos adicionales, como por ejemplo un seguro de protección de pagos. También se sabe, que la TAE, para el caso de los préstamos hipotecarios, no incluye gastos derivados por intermediarios financieros ni gastos de escritura. Los primeros pueden ser evitables, pero no así los segundos. Así que, cuidado con lo que firmamos.

Pues nada más me quedaría añadir:

¿Para cuándo unos gobiernos que propicien una banca más transparente y accesible para el consumidor?
¿Para cuándo unos gobiernos, preocupados por la formación, que posibiliten un consumidor más preparado para entender al menos lo más básico del mercado financiero?

Todos nosotros miramos y comparamos el precio del pan, de un coche, de un viaje…
En cambio, pienso que muchos van al banco que más cerca les pilla y desconocen que cada banco tiene un precio distinto para el dinero.

Un saludo y gracias por leerme.

VIENE CHINA Y NOS ARRUINA…¿SEGURO?

Dicen desde tiempos remotos aquello de “poderoso caballero es Don Dinero” y la verdad es que es difícil rebatir ese célebre refrán. Ese dinero que gobierna la felicidad de las personas, que mueve el sistema y además, nunca lo hace sin dejar rastro. Es más peligroso que la dinamita pero pocos lo saben. Con él, podemos comprar cosas tan abstractas como la verdad de una persona. Con él, podemos investigar y desarrollar los procesos de una empresa. Con él, podemos ser los más felices del mundo y su vez, arruinar nuestras vidas y la de los que nos rodean.

Si los korenanos, tenían y tienen acongojado al mundo con su completa y reluciente colección de Uranio empobrecido, nuestros amigos los chinos tenían un arma escondida que poco a poco ha ido perdiendo lustre. El arma de China se llamaba Exportaciones y no explota ni destruye físicamente, al menos no de forma directa.

Las exportaciones, que en 2008 representaban un 40 % del PIB chino se lucían por casi todos los países del mundo desarrollado. Conceptualicemos PIB como la valoración de la producción de bienes y servicios una vez descontados los recursos que hemos utilizado para conseguir dicha producción. Es cómo si alguien le pusiese precio a todo lo que produce un país. 

Las exportaciones de sus mugrientos productos, que tanto daño han hecho a las economías locales pero que hoy por hoy, infectan los hogares de medio mundo, estaban bajando aceleradamente debido a que otros países asiáticos como Tailandia, Indonesia o Singapur estaban ganando competitividad devaluando sus monedas como descosidos. Los últimos datos la sitúan en el 25%. Han perdido un 15% de protagonismo desde el año 2008. Pues nada, a jugar con el dinero.

No quiero avanzar si alguno de mis lectores se ha perdido…Estos países, al devaluar su moneda con respecto al dólar, hicieron que sus productos fuesen más baratos y atractivos para el resto del mundo, lo que aumentó las exportaciones de éstos, en detrimento de las chinas.

Pues bien, China, al ver que esas devaluaciones de sus vecinos no frenaban, decidió el pasado once de agosto de 2015, hacer lo propio. Lo que hizo fue romper la hebilla del cinturón que unía con descomunal fuerza, la evolución de su moneda con la  del dólar. Ese mecanismo de control no permitía que la relación Yuan-Dólar se fuese más lejos del 1%.

Pasó un año y ese 1% pasó a ser un 2%, sospechoso movimiento dónde los haya, pero no apreciado por todos los que ahora se quejan.

El pasado 11 de agosto, China instrumentó una política monetaria que desligaba la paridad de su moneda con el dólar. Empezaba con esto su particular guerra de divisas, una guerra donde el dinero es la munición y donde la Banca Central China es el general que dirige ese ejército monetario. Estas variaciones actuales del 5% han hecho derrumbarse a la Bolsa China ya que ahora, aunque puedan vender más y más barato, las empresas productoras del gran monstruo asiático, que compraban sus materias primas en el extranjero han visto como se han disparado sus costes de producción. Esto anterior, desde el punto de vista macroeconómico. Si abandonamos “lo macro”, es decir, las empresas y nos adentramos en “lo micro” que son los consumidores, el pueblo o nosotros mismos, concluimos sin hacer aspavientos que la bajada del poder de su moneda con respecto a otras, les impide comprar con holgura cualquier bien o servicio de fuera. Si estos gobiernos tienen excesiva dependencia, por ejemplo en determinadas ramas agro alimentarias, observarán atónitos como sus ciudadanos ya no tienen acceso a esa comida que compraban fuera. He dicho atónitos y no es así, los responsables saben perfectamente a lo que se atienen con estas políticas devaluatorias que históricamente, tantos problemas han tenido en cuanto a estabilidad de precios, empleo, generación de crecimiento, etc.

Es impresionante como a estas alturas de siglo, los grandes bancos centrales favorecen las burbujas especulativas y juegan con los tipos de cambio a su antojo para que los capitales viajen de país a país sin criterio económico alguno. Pero, ¿es que esta gente se piensa que todos desconocemos su bazofia de estrategia basada en el pan para hoy y hambre para mañana?
A lo mejor piensan que lo importante es maquillar su trabajo de estos pocos años en los que chuparán la sangre de los ciudadanos a costa de las penurias que éstos tendrán que aguantar en un futuro demasiado cercano para el pueblo y demasiado alejado para estos generales corruptos del dinero.

Pues eso, China, al ver que sus competidores devaluaban y ganaban competitividad frente a ellos, no le ha quedado más remedio que devaluar con los consabidos efectos bursátiles. Mientras tanto, en sus altares de mármol de Carrara, los Bancos lejos de luchar por la estabilidad del tipo de cambio, permiten y seguirán permitiendo la especulación. Total, el pueblo ni se entera.

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Consecuencias

Para ir terminando, en este escenario tan globalizado, estamos viendo como el desplome chino está manchando de caca al resto de parqués europeos y del mundo, pero no por igual.

Los países desarrollados, con menor dependencia de las exportaciones, verán únicamente frenadas sus expectativas de aumento de tipos, reduciendo la velocidad a la que entren los capitales, pero no sufrirán una crisis productiva.

En cambio, países emergentes como por ejemplo Brasil o Rusia, con casi el 50% de sus exportaciones dirigidas hacia el gigante, si sufrirán más.

Multinacionales que venden en China artículos de lujo, automóviles de alta gama y otros bienes superfluos, están sufriendo, pero no tanto ya que sus ventas van dirigidas a la parte de la población sin tantas estrecheces económico-financieras.

China, ha sufrido un descenso bursátil desde junio de un 45%, pero este dato tan malo siempre estará ligado a un crecimiento previo superior al 150%, que le permite decir a viva voz que sigue siendo un país con una importante rentabilidad.

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China no va a parar de crecer aunque va a hacerlo a un ritmo menor.

Con Estados Unidos y las países de Europa, la cosa es muy similar, a menor ritmo, pero crecerán. El panorama de tipos bajos junto con el petróleo a los precios actuales, deben paliar y compensar las décimas de retroceso que experimenten estas economías, consecuencia de la debacle bursátil que atraviesa China.

直到下一次 lectores, hasta el próximo post de labolsadelanza.com

 

😊

LA PRIMERA GRAN CRISIS

Me habréis leído alguna que otra vez, que la economía es una ciencia muy social. Lejos del falso mito que la envuelve y relaciona estrictamente con aspectos meramente técnicos, esta apasionante ciencia a la que este blog se dedica, encierra muchas vivencias y acontecimientos sociales. Algunos de ellos, como el que vamos a ver hoy, pienso que deberían ser conocido por todos ustedes, al menos, de forma general. Estoy hablando del Crack de 1929, la primera y gran crisis económica de la historia. En ella se destaparon los comportamientos humanos más irracionales e impulsivos jamás vistos hasta el momento. Dichos comportamientos fueron ocasionando unos efectos adversos en el mercado financiero que terminaron desencadenando la gran crisis. ¿Qué es lo que sucedió? Veámoslo.

Estados Unidos, año 1919. Una inmensa alegría recorre cada rincón del país. La causa, haber salido victoriosos de la Primera Guerra Mundial. Las calles se visten de gala, cada vez más automóviles recorren las ciudades. La sensación de euforia es generalizada entre la población. A este acontecimiento, se le suma la irrupción de la electricidad en las ciudades. Un momento, parémonos a pensar. No pasemos tan rápido, ¿os imagináis el cambio que supuso? Las ciudades se iluminaron para alegría de los ojos de las millones de personas que veían por primera vez enormes manzanas regadas por una infinidad de bombillas que adornaban las fachadas de los edificios más emblemáticos. Luces que invitaban a comprar. La industria, también beneficiada por esto, crecía como nunca. Los avances tecnológicos en múltiples campos eran algo cotidiano. Esta espiral positivista en la que estaban inmersos mis amigos americanos estaba propiciando que artículos que hasta entonces eran considerados de lujo, se convirtiesen en bienes de primera necesidad. Cada Maria o Mary, en este caso, necesitaba imperiosamente una aspiradora en su casa para “poder vivir”. El caso de la aspiradora se propagó cual plaga bíblica a todos los artículos que iban naciendo de la nada y de la potenciación en la cual el sector industrial se encontraba inmerso. Los nuevos sistemas de producción, el Taylorismo y el Fordismo empujaban toda esta bola de consumismo. La industria del automóvil, era la estrella del momento. Todo el mundo necesitaba un Ford o un Chrysler. Todo esto parece muy fácil de entender pero por las tripas financieras americanas estaban pasando cosas que más tarde conllevarían una tortuosa digestión. En esta época apareció por primera vez el pago a plazos, lo que hacía alcanzables, bienes impensables hasta el momento. Ahora se podía pagar poco a poco.

La economía era boyante y para colmo, de fondo había correteando una cosa llamada mercado de valores y en dónde se rumoreaba, se podía ganar dinero de forma cómoda y fácil. Hasta el momento, los únicos que operaban en Wall Street, eran los economistas y otros profesionales afines y conocedores del sector, hasta que la limpiadora del hotel, escuchó la enfática conversación mantenida entre aquellos dos opulentos empresarios que concluía con la frase, invierte todo en “Yokesé Society” y llamó a su marido, fontanero de profesión para animarle a que fuese a aquella oficina, en aquel edificio, cerca de Central Park,para depositar allí todos sus ahorros comprando acciones de la citada y en este caso, ficticia compañía.

No había ningún problema, en este mercado todos los valores eran alcistas. ¡Qué chollo! ¡He ganado equis mil dólares en una semana! serían frases y el pensamiento de moda en aquellos años, digo yo. El endeudamiento se introdujo sutilmente en este mercado también. La gente pedía prestado para especular y ganar más en bolsa. No requerían ningún tipo de asesoramiento financiero, invirtieses en el valor que invirtieses, este, no hacía otra cosa que subir.

En 1928 la bolsa arrojó beneficios de un 50% en sólo doce meses. El dinero se multiplicaba a espuertas.

Esta euforia se vivía hasta que un día, el economista, agotado tras una densa jornada laboral, escuchó al camarero contar varias historias de éxito al señor que vendía periódicos a la vez que lo invitaba a realizar una apuesta segura en el mercado de valores. El economista pensó que esta situación, por una parte de inversores sin ningún tipo de conocimientos y en segundo lugar, de constantes subidas, no podría sostenerse mucho en el tiempo. Sacó fuerzas de flaqueza y se apresuró a vender todas sus acciones. Había presagiado lo que se avecinaba. Cuando los demás entendidos se dieron cuenta de lo que había impulsado al economista a vender sus acciones, que seguían subiendo, hicieron lo propio, vendieron. Cuentan que un poco antes de la crisis, Rockefeller, tras escuchar a su limpiabotas hablar con cierto desparpajo sobre el comportamiento de unas acciones que el humilde trabajador tenía compradas, decidió dar la orden de vender todas sus acciones. Algo le olía mal al gran industrial estadounidense.

El jueves 24 de octubre de 1929, más conocido como el Jueves Negro (Black Thursday) había estado precedido de un final de jornada de miércoles en la que los precios de las acciones de las compañías automovilísticas habían descendido bruscamente. Nadie sabe muy bien el porqué, aunque puede que fuese debido a esas ventas masivas que estaban realizando los entendidos.

En estos días, los americanos se agolpaban en las puertas de la bolsa observando desesperados y sin poder hacer nada, como se esfumaban todos los ahorros de su vida. Para aquellas personas que habían pedido prestado el dinero para invertir en bolsa y ganar dinero fácil, el problema era doble. No tenían el dinero invertido inicialmente pero lo que ahora si tenían era una deuda que no podían pagar. Iban a pagar el precio de haber especulado, el precio de la codicia del ser humano.

Los arruinados crecían en progresión geométrica, de la mano de los suicidios. Las habitaciones de las plantas altas de los hoteles se encarecían con respecto a las bajas, porque eran más apropiadas para quitarse la vida.

Debido a esta repentina desaparición del dinero, las empresas empezaron a acumular stocks, no había quién comprase nada. Consecuencia de esto, comenzaron los despidos y nació el paro. Se habla que cerca de 14 millones de americanos se quedaron desempleados. Las empresas cerraban día tras día y unos seiscientos bancos quebraron en este dramático acontecimiento de la historia económica mundial.

En cinco jornadas veinticinco mil millones de dólares del Patrimonio de las familias estadounidenses se habían esfumado para siempre. Los elegantes mocasines de antaño se convirtieron en zapatos hechos de cartón y periódicos. La pobreza estaba haciendo una fuerte mella en la sociedad de aquella época.

Pronto, el caos económico y social americano cruzó el charco y se instaló sin preguntar en la dependiente economía europea. El desempleo fue el caldo de cultivo que engendró el movimiento Nazi entre otros movimientos radicales en divergentes extremos políticos. El pueblo consideró que un gobierno autoritario controlaría o calmaría la tan delicada situación que estaban atravesando. Sólo la economía de la URSS, ajena al libre mercado, no se vio afectada.

Por suerte para todos en 1933, un señor llamado Roosevelt, aterrizó en el gobierno estadounidense y estableció un plan de acción, llamado New Deal inspirado en ideas del famoso economista John Maynard Keynes, que aunque defendía el comercio libre, era consciente de que en determinadas ocasiones había que cerrar la economía de cara al exterior. Combatió el desempleo fomentando las inversiones, el crédito y el consumo. Subvencionó el sector agrícola, uno de los que más había caído con el crack del 29. Se subvencionó a los bancos, se crearon plazas en la Administración Pública. Se cambió el sistema de pensiones y jubilaciones, junto a una disminución de la jornada laboral como medida para combatir el paro.

En definitiva, en el año 1933 el gobierno supo reaccionar y actuó con cierta eficacia sobre la gran depresión del 29. Estamos en 2015, ¿estará nuestro actual gobierno adoptando medidas encaminadas a combatir en el sentido correcto la actual crisis que vivimos?

En este post, que abarca la crisis del 29 y los años posteriores, hemos contemplado el nacimiento de fenómenos tan importantes como el consumismo, las compras a plazos, el desempleo, los ultranacionalismos, entre otros. Es ese el motivo por el que hoy he querido dedicarle un hueco en LA BOLSA DE LANZA.

Espero que os haya gustado, enseñado o refrescado la memoria un poco.

Hasta la próxima, amigos.

Gracias por leer hasta aquí.