¿SE LO PREGUNTAMOS A GOOGLE?

Innovar es ofrecer al mercado una propuesta de valor añadido sobre un bien o servicio que no existía antes ó más fácil: Innovar es crear algo que no existía antes y que mejora nuestro bienestar presente. Una innovación, bajo mi punto de vista, debe contener dos elementos:

  • Elemento novedad: el cambio introducido no se ha hecho nunca antes.
  • Elemento valor: con el cambio, el bien o servicio ha mejorado sustancialmente.

Decía mi compañero Joseph Schumpeter que la innovación es la imposición de una novedad técnica u organizacional en el proceso productivo y no sólo el correspondiente invento.

Para innovar en un determinado país o sector, harían falta lo que mi compañero llamaba empresarios creadores, que a diferencia de otros perfiles de empresario, generan ideas.

Ideas, de aquí sale todo. Del concepto de idea, surge la invención, que una vez aplicada al campo de la realidad, de la practicidad, puede ser llamada por fin innovación.

Este simple esquema deja claras las fases para llegar desde el concepto de idea, hasta el concepto de innovación.

Idea – Invención – Innovación.

Pero amigos…¿Deberían querer los empresarios o la economía de un determinado país ser innovadores? ¿Hay algo que les empuje a innovar? Es decir, si hemos dicho al principio que la innovación es beneficiosa en el sentido que aporta valor, ¿podemos estar tranquilos de que en nuestro país no se va a dejar de innovar?

Sí y no.

Bajo la perspectiva del sí, se encuentra la búsqueda más básica del “homo emprendedorus”
Desde que nació el dinero, para mí lo quiero. Con la innovación, el empresario busca una vez más -y hace bien-, maximizar beneficio. Veámoslo de forma más clara: desde el momento que el invento se introduce en el mercado y se convierte por tanto en innovación, ese empresario comienza a disfrutar de un monopolio (Estructura de mercado en la que existen muchos compradores y un solo vendedor) que le hace mejorar con respecto a su competencia. El carácter de ese monopolio, es totalmente temporal, ya que generalmente en poco tiempo, alguien de la competencia imita la innovación, y el monopolio desaparece. Con la desaparición del monopolio, desaparece el beneficio y por suerte, aparece de nuevo la sed o él hambre por innovar.

A favor del no, del no podemos estar tranquilos con el proceso innovador de nuestro país, os expongo la insuficiente importancia con respecto a otras economías más desarrolladas que se le da en nuestra querida España, a los departamentos de I+D+I de las empresas que configuran nuestro actual tejido. En 2013, gastamos unos 13.000 millones en I+D, casi un 3% menos que el año anterior. Esta inversión, solo representaba el 1,24 del P.I.B. Muy cerca nuestra, Alemania consiguió elevar un 4,42% la inversión en I+D e Inglaterra crecía al 2,8% entre 2009 y 2013)
Antes de seguir, hay que hacer una parada para preguntarse de dónde puede provenir una determinada innovación en una empresa. Hemos hablado del empresario como creador de la idea, pero a parte de eso, el empresario podría contemplar también otras opciones:

Extraer ideas de su propia plantilla de trabajadores. Una visión actualizada de empresa, en la que se pida opinión a todos los estamentos de la pirámide jerárquica, va a favorecer la generación de ideas dentro de la organización.
Extraer ideas del entorno. Es la llamada “Open Innovation” y apuesta a favor de qué la innovación no puede encontrarse únicamente dentro de la compañía. La integración y el uso compartido de información con otros elementos de su entorno (Clientes, competencia, etc.) puede hacerle generar ideas que a futuro generarán innovaciones.
¿Dónde puede producirse una innovación?

Normalmente, el concepto de innovación lo asociamos al de innovación técnica, relacionado con la aparición de un nuevo producto, como por ejemplo, la aparición del teléfono móvil.

No hay que olvidarse de otros tipos de innovación que no son menos importantes que las primeras.

Hablaríamos de innovación en diseño e innovación en tecnología cuando vimos convertirse gradualmente nuestros robustos y pesados televisores en bonitas y estilizadas pantallas planas. Mayor resolución y mejor diseño, bendita innovación. Como veis en este ejemplo, un producto final, puede tener dos tipos de innovación.

La innovación se dio en procesos cuando Henry Ford inventó la cadena de montaje móvil, en la que el producto en curso de fabricación, era manipulado por personal muy especializado según fuera la fase en la que se encontrase.

Ahora mismo me acabo de dar cuenta de que viví la innovación en modelos de negocio cuando de repente, tuve la posibilidad de pedir por primera vez, comida a domicilio.

Contemplé y aplaudí la innovación social cuando leí el caso de “Discovering Hands” una empresa alemana que apostó por contribuir a detectar precozmente el cáncer de mama, mediante la empleabilidad de mujeres invidentes.

Y no me voy a ir, no me voy a ir sin apostar por la innovación en las personas. En la manera de atribuirles un papel relevante dentro de la compañía, en la manera que las empresas y los empresarios deben gestionarlos, atendiendo a una ejecución práctica (no sólo verbal) de trabajo en equipo, de participación en la toma de decisiones, de prácticas de mejora de la conciliación entre la vida laboral y personal y de otras múltiples cuestiones que se pueden abordar para mejorar este último tipo de innovación dentro de las empresas. Lo mejor de todo, es que esta última tipología de innovación, también favorece y posibilita grandes incrementos en la tan deseada productividad.

¿Se lo preguntamos a Google?

Gracias por leer hasta aquí.

Nos leeremos, aunque no puedo decirte cuándo.

🙂