LO QUÉ NO GRABARON LAS CÁMARAS: Una Historia de Lucha con Final Feliz (II Parte).

Para un mejor conocimiento y comprensión de la finalidad este post, es altamente recomendable leer la primera parte si es que aún no lo has hecho.
Aquí la tienes: UNA HISTORIA DE LUCHA CON FINAL FELIZ.

Las horas de aquella larga noche jugueteaban a los pies de mi cama perturbando el silencio de mi habitación. El hecho de comenzar una nueva aventura profesional en OP Plus, empresa del grupo BBVA, había acentuado el habitual insomnio que padezco desde niño. No sé en qué medida, pero había contribuido.

Galopaba incesante el mes de noviembre de 2014 y eran ya casi veinte, los meses que llevaba golpeando con fuerza las estrechas aunque robustas puertas del mercado laboral.

Tras el volante de mi Opel Astra, escondido entre una densa neblina, comenzaba a divisarse el Parque Tecnológico de Andalucía, evocándome al instante, etapas pasadas de mi vida laboral, pues allí había comenzado en su día mi andadura profesional por cuenta ajena, como becario en una empresa del Grupo Vértice.

También era el lugar donde se había gestado mi primer gran fracaso como emprendedor, la creación de una fuerza de ventas, Sales Professional Solutions. Bendito fracaso, aprendí tanto de él, que hoy día no me arrepiento de ninguno de los segundos que invertí en ese proyecto. Del proyecto, que como comentaba anteriormente, no llegó a buen puerto, surgieron interesantes contactos con los que trabajé posteriormente, con los que trabajo actualmente y muy posiblemente con los que trabajaré en un futuro. Algunas de estas personas, incluso me prestaron de manera altruista su ayuda, durante mi posterior, y para mí traumática, etapa como desempleado. A mi parecer, son algo más que contactos y aunque no mantengo una relación de amistad con ellos, sí que están más cerca de ser amigos, que de ser mercancía profesional. Lo siento, pero no uso la palabra amigo con facilidad, todo lo contrario. Eso sí, nunca se irán de mi recuerdo y contarán con mi ayuda siempre que lo necesiten.

Memoria.

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No voy a contar cómo fue mi trabajo en OP Plus, eso ya lo hice en SOY UN TORNILLO.
Voy a contar públicamente por primera vez, lo que no grabaron las cámaras, lo que acontecía en la sombra durante los cuatro meses que trabajé allí.

“Cada mañana me tiraba de la cama mucho más temprano de lo necesario para llegar hasta una hora y media antes de mi horario de entrada al trabajo. Desde bucólicos amaneceres hasta impetuosas mañanas de lluvia y barro, acogían a mi vehículo y le daban los buenos días cada vez que mi coche inauguraba aquel lodazal que tenía y tiene el Parque Tecnológico por aparcamiento.

Armado con mi termo de hirviente y muy concentrado café, gastaba el tiempo y la pantalla de mi iPhone intentando provocar algo que no sabía muy bien lo que era. Vitalizaba mis perfiles profesionales aportando, leyendo y reconociendo contenidos interesantes. Seguía instintivamente generando entradas en mi blog, este que lees ahora y cuya finalidad, que era ser ayudante fiel en mi búsqueda de empleo, debería por aquel entonces, haber llegado a su culmen. No fue así.

Día tras día y con muy contadas excepciones, repetía mi ritual cada mañana. Más freaky, imposible.

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En la media hora que tenía para comer, no leía el Diario Marca ( y eso que me gusta mucho el fútbol), de nuevo instintivamente y ya casi de forma robótica hacía lo mismo…Blog, Redes Sociales, Economía, Empresa…

Un auténtico enfermo.😜

Fueron cuatro meses bonitos, formaba parte un equipo de trabajo joven, gente agradable y simpática, pero yo no estaba del todo cómodo por algunas de las razones que se pueden leer en SOY UN TORNILLO.

Hubo días, en los que me pasé las siete horas que duraba la jornada, sin hacer absolutamente nada relacionado con el trabajo. No había trabajo, nuestra única obligación era estar sentados en una puñetera silla contando las horas que restaban para que finalizara la jornada. Todo esto le estaba pasando a cientos de personas a la vez, pero era yo, el novato, el único que no parecía entenderlo. Tenía hambre, y en días como esos, sentía que estaba perdiendo mi tiempo.

El año 2015 se detuvo para mí un ocho de febrero, un miembro del equipo directivo de una histórica empresa de Málaga, se había tropezado con uno de mis artículos del blog que había compartido a través de la red social, Facebook.

¡Facebook!

¡Facebook!

Era con bastante diferencia el canal que menos usaba para difundir mis contenidos y el que parecía que al final, había dado resultado.

Resulta que a las personas responsables de esta empresa les había gustado mi blog, y que precisamente en ese momento, estaban buscando una persona de mi perfil para desarrollar un nuevo e importante puesto dentro de la compañía. El acuerdo fue rápido y sencillo.

WordPress + Facebook, esa había sido la inesperada y sorpresiva fórmula mágica.

Yo seguramente hubiera apostado por InfoJobs + Linkedin, pero en este caso, el resultado del esfuerzo llegó por un camino diferente.

A los diez días de ese importante ocho de febrero, el despertador de mi iPhone sonó a las cinco menos cuarto de la madrugada.

Mi jornada comenzaba a las 6:00

Un nuevo reto, que actualmente vivo con intensidad, desempeñando las funciones con las que había soñado toda mi vida.

Ha pasado algo más de un año y todo está yendo sobre ruedas. El proyecto parece interminable y tiene unos cimientos de contrastada calidad.

Nada ha sido fruto de la casualidad.

El único secreto se llama trabajo.

Hasta la próxima y mucho ánimo.

Nada es imposible.”

😊

Vídeo promocional LBL 2016

EL TRABAJADOR INCOMPETENTE MODÉLICO.

En el mercado de trabajo, las competencias de un determinado trabajador se definen como las habilidades innatas o adquiridas que este posee, para el correcto desempeño de sus funciones.

Las competencias innatas son aquellas que nacen con el individuo y se desarrollan a medida que se forma la personalidad o a medida que se produce el desarrollo físico. Como veis, podríamos clasificarlas en competencias psicológicas o fisiológicas.

Veamos un ejemplo:

Agustín, de padre español y madre alemana es un joven de 24 años que mide 190 cm de altura y pesa 87 kg. Trabaja como operario en un barco que practica la pesca de arrastre. Debido a su corpulencia y agilidad, destaca entre sus compañeros cuando llega la recogida de la pesca, pues es capaz de canalizar mayor cantidad de pescado hacia las bodegas del barco que el resto de la tripulación. Además, la empresa que le paga, está contando con él cuando la mercancía llega a puerto, ya que su forma de ser, le hace congeniar a las mil maravillas con los potenciales compradores que acuden cada semana a la lonja y debido a esto, ha cerrado algunas operaciones interesantes en los últimos meses.

Este físico y esa forma de ser y de relacionarse con el cliente, permiten definir y calificar como excelentes las competencias innatas de Agustín.

En la misma empresa, y para ser más concretos, en el departamento de Administración y Contabilidad, trabaja Eugenia, como Responsable de Contabilidad. Empezó a trabajar en la compañía hace ya 12 años, prestando servicios de limpieza. Al año de entrar, compaginaba su trabajo de limpiadora con un curso de formación profesional de la rama administrativa en el que se había matriculado recientemente. A los dos años desde la fecha de comienzo del curso, Eugenia obtuvo una titulación, comunicó este hecho a su empresa, aunque de momento seguía cada mañana acudiendo puntualmente a su cita diaria con el mocho y la lejía. Independientemente de todo esto, Eugenia había desarrollado una competencia o habilidad nueva, ahora ya entendía lo que era un asiento contable por lo que tenía una oportunidad única de promocionar dentro de su compañía. Con el esfuerzo de aquellos años, regados con pocos litros de sueño, en los que compaginaba trabajo y estudios, había desarrollado una nueva competencia, el descubrimiento y conocimiento de la contabilidad financiera.

Entre marea y marea, pasó otro año y mientras una mañana, Eugenia escurría con vigor las desgastadas cerdas de aquella vieja fregona, una voz no habitual, pero que le sonaba de algo, pronunció su nombre desde la distancia y en tono amigable.

Quince minutos después, Ricardo, el Responsable de Recursos Humanos de la empresa para la que trabajaba Eugenia, le había comunicado que a partir de mañana, tendría un puesto como Auxiliar en el Departamento de Administración y Contabilidad.

El inexorable pero por suerte ficticio transcurrir de años al que estamos siendo sometidos como consecuencia de leer este post, sumó cinco años más a este imaginario relato.

En la foto de la compañía seguían figurando Agustín y Eugenia.

Agustín seguía desempeñando funciones de operario y también ayudaba en la venta, cuando el fruto de la pesca llegaba a buen puerto.

Eugenia era ahora, Responsable de Contabilidad, pues al margen de cumplir su trabajo con excelentes resultados, se había matriculado en un Master de Finanzas de precio prohibitivo para un sueldo de limpiadora, pero es que ella, cobraba cuatrocientos veinte euros más cada mes desde que entró en su nuevo departamento. Sin darse cuenta, sus conocimientos en esta compleja materia, eran los más fornidos con bastante diferencia, de toda la compañía.

Dos buenos trabajadores, Agustín y Eugenia, que vivieron su carrera profesional hasta los sesenta y cinco años en la misma compañía.

Bueno lectores, salgámonos ahora mismo del cuento para analizar un fenómeno que se produce desde que se inventó la palabra empresa: El nivel de incompetencia.

Hace uno o dos meses leí no sé donde un fragmento que hablaba de este hecho. Hoy el tema, es alimento para mí blog. Yo, personalmente lo definiría como el estado que se alcanza cuando una persona es incapaz de progresar más en el desempeño de sus funciones. Es decir, es incapaz de hacerlas de forma más eficiente, gastando menos recursos.

Haber alcanzado el nivel de incompetencia no significa que se esté haciendo mal el trabajo, sólo sirve para detectar estancamientos profesionales. En el relato, vemos que aún siendo dos trabajadores ejemplares, fruto de no desarrollar a tiempo sus competencias adquiridas, Agustín permanece en su mismo puesto muchos años, es decir alcanza mucho antes su nivel de incompetencia.

Por el contrario, Eugenia, que no poseía ninguna competencia innata que la hiciera destacar entre la muchedumbre, desarrolló de forma continuada sus competencias adquiridas, alcanzando su nivel de incompetencia mucho más tarde que Agustín.

Quedando ligeramente mal parado el pobre de Agustín en esta comparación, este mal dato pasó totalmente inadvertido para la dirección de la empresa, convirtiendo para siempre a Agustín, en un Trabajador Incompetente Modélico.

Conclusiones:

El Nivel de incompetencia de un trabajador no depende de la posición en la escala jerárquica, aunque alcanzarlo con la mayor tardanza posible, ayuda en la promoción interna del trabajador.

Todos los trabajadores alcanzarán tarde o temprano este estado.

Es la función directiva la encargada de analizar esta variable.

La formación y los planes de carrera internos, combaten la rápida consecución de este nivel por parte de los trabajadores.

El nivel de incompetencia del trabajador es inversamente proporcional a la productividad y al crecimiento de la empresa.

Todas estas afirmaciones ayudan a explicar este curioso fenómeno que se produce todos los días en los tejidos empresariales del planeta.

A mí, únicamente me quedaría preguntar al trabajador:

¿Has alcanzado ya tú nivel de incompetencia?
¿Cuánto te falta para hacerlo?

Y al empresario le preguntaría:

¿Has tenido en cuenta alguna vez el análisis de esta variable?
¿Piensas hacerlo?
Me gustaría leer vuestra opinión.

Agradecería vuestra sincera difusión.

Hasta el próximo post.

Firmado: Un trabajador lejano a su nivel de incompetencia 😉