FIDELIZANDO AL EMPLEADO II (Experiencia real en Congelados M-Gutiérrez S.A.)


De repente, entre un imponente océano de silencio, respeto y atención, los ojos de una buena parte de los asistentes empezaron a enrojecer. Más de un rostro, y de dos, se encontraba involuntariamente desbordando emoción y desvelando sinceridad. Unos segundos más tarde, el brillante rojo se transformó en melancólica lágrima. Todo había salido bien.

El proyecto empezó con un comunicado por parte de la Dirección de la empresa. En el mismo, se convocaba a la totalidad de la plantilla de Congelados M-Gutiérrez a asistir a un acto navideño. En el texto, se categorizaba la presencia del trabajador como muy importante, pero no obligatoria.

Durante los meses previos, infinidad de comentarios y espontáneas sugerencias, desvelaban la incertidumbre y el interés de aquella plantilla, por obtener algo de información acerca de una posible cesta o comida de Navidad.

Finalmente, para saciar toda esta sed de información, el comunicado aportaba algo de información. Había que estar en la Explanada de la Avenida de Martiricos, frente al estadio del Málaga C.F. Allí, mejor que en otro lugar, habría espacio suficiente para aparcar el vehículo, pues un autobús iba a recoger a los trabajadores para llevarlos al lugar del evento.

Los condicionantes no hacían sino complicar las cosas. Debido al sector, en el que operaba la empresa; el pescado y marisco, cuyo horario es muy exigente con los trabajadores del mismo, había muy pocas horas de margen para poder reunir durante al menos un par de horas a todos los trabajadores de la empresa. Los primeros trabajadores entraban a las 2:00 de la madrugada, mientras que los últimos en salir, lo hacían a las 18:00 horas. La alta estacionalidad del sector agravaba el problema, era Diciembre y las ventas crecían. Por suerte.

La hora de comienzo propuesta eran las seis y media de la tarde. A esa hora, exactamente un 95% de la plantilla había acudido al lugar de la cita. Era el primero de de una serie de pequeños logros para las tres personas de nuestra empresa que habíamos organizado el evento.

La expectación era alta, impulsada por la incertidumbre. Un numeroso grupo de trabajadores charlaban, se saludaban, bromeaban, etc. A pesar del duro trabajo que tenían acumulado a sus espaldas, a cada instante regalaban una sonrisa o un gesto de complicidad a sus compañeros. No me sorprendió pero si me colmó de orgullo y tranquilidad. Muchas relaciones eran más propias de la amistad que de mero compañerismo. En este escenario, la motivación iba a campar a sus anchas.

Todo iba sobre ruedas, menos el autobús, que no llegaba. De la nada y entre aquella murmurante oscuridad, apareció un misterioso chófer indicando a los cabecillas del grupo, que se movieran, que había tenido que aparcar el vehículo en otro lugar. La indicación penetró en aquel alegre y numeroso grupo que se dispuso a seguir al chófer.

Frente a nosotros, abrigado por la iluminación de sus focos, se podía contemplar el Estadio de fútbol de la Rosaleda que se cruzaba imponente en el camino de los trabajadores hacía la ubicación del autobús.

Los más astutos, empezaron a darse cuenta de que el destino final no iba a ser un autobús, sino un Estadio, el estadio del que para bastantes de ellos, era la casa de su equipo favorito, el Málaga Club de Fútbol. Lo decían en voz alta, aunque su tono no desprendía una seguridad del 100%

Efectivamente, ese misterioso chófer, era en realidad un trabajador del del Málaga C.F. quien había hecho de cómplice para ayudar en esta encerrona. La anécdota del autobús ya estaba en boca de todos, quienes bromeaban y preguntaban por el mismo aún a sabiendas de que no íbamos a subirnos a ninguno.

Pero nada más entrar al estadio, en la penumbra de los aparcamientos interiores, se encontraba la mítica Flecha Azul, un vetusto bus de los años sesenta convertido actualmente en la pieza de mayor volumen del museo y frente a la cual, mucho de los asistentes se fotografiaron.

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Transcurridos unos minutos donde todos conversaban y se divertían, apareció otra persona del club, de porte elegante y rostro amigable. Su intención era que lo acompañásemos a la Sala de Prensa.

El moderno espacio, casi rozando el término lujoso, acaparaba todas las miradas de nuestra plantilla. La sala contaba con todo tipo de comodidades y uno por uno, todos los integrantes de Congelados M-Gutiérrez fueron tomando asiento. Frente a ellos, y en el lugar donde habitualmente hacen sus declaraciones los más prestigiosos jugadores y entrenadores del mundo, se encontraban esta vez tres personas de rostro muy familiar para todos ellos.

Eran tres hermanos, los propietarios de la empresa, los cuales agotaban sus últimos segundos para ojear los papeles que posteriormente les ayudarían a conducir sus intervenciones en público. Mientras estos segundos se desvanecían, el Málaga C.F., a través de la figura de su Responsable de Publicidad, nos daba una bonita bienvenida. Era un honor para el Málaga C.F. recibir a los trabajadores de Congelados M- Gutiérrez. Pienso que esas simples palabras tuvieron que gustar bastante a buena parte del respetable.

Un primer vídeo montaje de una reciente colaboración desinteresada entre ambas entidades, se proyectó para dar comienzo al acto.

Tras el mismo y tras unas palabras introductorias del menor de los hermanos (Quien formaba parte de los organizadores del evento sorpresa), se dio paso a un segundo vídeo montaje. Todos los miembros de la propiedad bajaron con decisión la pequeña escalinata y se aproximaron a la primera fila, donde les esperaban algunos familiares muy cercanos. El hermano pequeño sin embargo, permaneció de pie, a un lado de la sala de prensa.

Una armónica melodía, fundida con una serena y a su vez acompasada voz, comenzó a sonar y muy probablemente a calar hondo, en los oídos de los allí presentes.

Se estaba contando la historia de lucha, humildad y esfuerzo de un humilde trabajador jienense, Paco Gutiérrez, fundador de la cada vez más fuerte empresa malagueña. Esta voz llenaba de orgullo el sentimiento de los familiares de Paco, sorprendidos por lo inesperado del vídeo. El propio Paco, atento en primera fila y con una mirada y gesto, que hacía honor y verdad a todo lo que se estaba hablando de él en la proyección, comenzaba a utilizar su dedo índice como improvisado pañuelo. Los otros hermanos, tragaban saliva para no empezar a llorar como recién nacidos. De nuevo, todo estaba saliendo según nuestros planes.

Con un disimulo propio de espía ruso, la melodía que obraba detrás del narrador, fue cogiendo fuerzas para realzar algunos datos numéricos de la compañía y para agradecer el trabajo de todos y cada uno de los trabajadores de la empresa, haciendo mención especial a los más veteranos, cuyo rostro aparecía en el vídeo, siempre haciendo buena pareja con la palabra “gracias”.

El ritmo de la guitarra eléctrica, más tarde, dejó paso de nuevo al melódico piano. Era la hora de recordar a los que ya no están aquí. Era la hora de dejar claro una vez más, que para nosotros, sí que están. Porque su aportación de valor a esta empresa será eterna y no podrá ser borrada de ninguna de las maneras.

por la megafonía de la Sala de Prensa se escuchaban frases como:

“Además, no podemos olvidar lo afortunados que somos porque en un departamento que cada día va a ser más importante como es la Sala de Elaboración, dicen que siempre hay una persona que le da un toque especial a los filetes. Incluso, hay alguien que está siempre atento para que todo salga bien. Puede que haga un tiempo que no los veamos por aquí, pero siempre formarán parte de esta casa”


“Y evidentemente, no me voy a olvidar de la persona más carismática, especial y divertida que ha pasado y pasará por esta empresa. Porque por muchos años que hayan transcurrido, nunca dejará de ser el mejor de los ejemplos y el abuelo de todos”

Las emociones estaban a flor de piel. Sin lugar a dudas, estas frases estaban reconociendo lo que es de justicia reconocer y estaban a la vez, aderezando y removiendo los sentimientos de los asistentes.

Todo había salido bien.

Tras la emotiva proyección, hubo unas palabras de los emocionados propietarios, cuyo fin, era presentar en familia a las tres nuevas personas, que llevaban desde hace un tiempo, ayudándoles en las labores de dirección de una compañía que no para de crecer. Entre esas personas, se encontraba un servidor. Se había cumplido otro objetivo, esclarecer a los trabajadores el organigrama de la empresa, que hasta entonces no parecía del todo claro.

Este último acto formal, concluyó con una foto de todo el equipo de Congelados M-Gutiérrez en la Sala de Prensa.

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A continuación, se hizo un mini tour por el estadio. Las paradas estrella, fueron el vestuario visitante, muy bien adornado con las elásticas reales de famosos jugadores de fútbol que han pasado por La Rosaleda. Cada uno elegía su favorito y se fotografiaba con su camiseta. Las personas menos aficionadas al fútbol, se entretenían viendo las bonitas instalaciones, que la llegada del jeque (Propietario del Málaga C.F.) propició.

También gustó mucho en nuestros trabajadores, el momento de bajar a pie de campo, a ras de césped. Sentir el olor a hierba mojada, mirar arriba hacia la grada, sentirse algo parecido a un futbolista de élite, durante al menos unos pequeños e inolvidables instantes.

La última parte del evento, fue un catering de buena calidad en el ante palco de autoridades del estadio, obra de la empresa Doña Francisquita, que contrató el propio Málaga C.F. Todo excelente de sabor y aspecto. De fondo, tras una impecable cristalera que dotaba de bastante glamour a todo aquel escenario, el terreno de juego iluminado por la potente luz de los focos del estadio. Vaya lujazo, tener la oportunidad de ver un partido desde aquí, pensaríamos más de alguno.

Las sorpresas no se habían acabado, en mitad del apetitoso catering, hubo tiempo para que el azar premiará a algunos de nuestros trabajadores con una camiseta oficial del primer equipo, una bufanda, una maleta, entradas…

Se acercaban las nueve y cuarto de la noche, muy tarde para nosotros, con el estómago y muchas más necesidades bien satisfechas, nos fuimos retirando a nuestras casas.

Mañana tocaba trabajar.

Tocaba día de trabajo intenso.

Por suerte.

Todo había salido bien.

VER EL VÍDEO: Congelados M-Gutiérrez: Una Empresa Familiar

LEER EL ARTÍCULO: Fidelizando al empleado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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