CARTA A UN AMIGO


Transcurría lentamente la mañana,
Me aburría, pensaba, miraba el reloj, planificaba el fin de semana. En dos horas llegaban mis vacaciones.

De repente, mi teléfono, sonó una vez más, una más entre mil.

Un ser querido dispuso todo a la perfección para darme una noticia, vaya trola quería colarme amigo mío.

Me dijo que esta mañana no te habías despertado. Me dijo que habías fallecido.

Me dijo, que tenía que ir a tu entierro.

– Esta gente no nos conoce.

¿Acaso desearías tú que malgastara mi día libre yendo al cementerio?

Además, ¿para qué iba a ir?

Tu no ibas a estar ahí.

Para mi no has muerto ni nunca morirás. Sólo cuando esta perra vida me convierta en ceniza, habrá llegado el momento de asimilar tu muerte. Y ya no podré hacerlo, porque sólo seré un trozo de carne exento de alma, o como mucho, un montón de cenizas disipándose entre la brisa de tu Málaga, esa que tanto querías y quieres, esa que tanto conocías y conoces.

Aunque decir esto, sería injusto. Tu conocimiento no se ceñía a Málaga, llegaba casi a cualquier rincón del planeta, siempre tenías y tienes una pincelada histórica que aportar, fuese cuál fuese el destino de la conversación.

Mueren los simples, los comunes, la gente anodina…

La gente de corazón grande y generoso, las personas que aportan cosas a esta sociedad, la gente con mil amigos, con sed de conocimiento, las personas que no se callan y castigan el oído de los simples, los honestos, los leales…

Esos, nunca mueren.

Jamás.

Ya estoy llorando y fallándote, porque a tu lado, solo se podía estar feliz.

Siempre vivo para mí Manolo, siempre.

Un fuerte abrazo.

Tu sobrino y amigo,

José Manuel Lanza Pérez-Valenzuela

Anuncios

“INECTOS”

Coincidiendo con la vuelta al cole, vamos a empezar repasando dos conceptos, de escritura casi idéntica, pero con significados diferentes: Aptitud y Actitud

Aún recuerdo esas dos palabras escritas fuertemente en la vetusta pizarra verde del Colegio Maristas de Málaga, dando la espalda al exigente profesor, que mediante una penetrante mirada, nos desafiaba a mí y al resto de mis compañeros, en busca de algún valiente que aclarase al resto de pupilos, la vital diferencia entre estos dos conceptos.

Si recurrimos a la RAE, podemos ver las definiciones y ver donde estriba la diferencia entre estos dos conceptos.

Aptitud: En la definición que más se justa al campo de la empresa, podemos leer que la aptitud es la capacidad o disposición que tiene una persona para el buen desempeño de un negocio, un ejercicio o de un determinado arte.

Actitud: Disposición de ánimo manifestada de algún modo.
La actitud es la forma que escogemos voluntaria o involuntariamente para manifestar nuestro estado de ánimo y que determina nuestra conducta en el trabajo, que es lo que nos ocupa en este artículo.

Pues bueno amigos, si trasladásemos estos aspectos al campo de los recursos humanos, tendríamos dos criterios para valorar el trabajo de las personas:

La aptitud, su manera de realizar el trabajo que determina el resultado del mismo y que permite decidir si el trabajador debe continuar en su puesto de trabajo, debe ser reubicado de posición o si debe salir.

Aunque quede bastante malsonante, un trabajador sin esta cualidad para realizar su labor, será un inepto, es decir, alguien que carece de la aptitud o aptitudes necesarias para el correcto desempeño de sus funciones.

Si por el contrario, el trabajador es apto, no habrá dudas de que está perfectamente cualificado, de que tiene aptitudes suficientes para realizar su trabajo en un tiempo adecuado y además, con un buen resultado.

Pero, suponiendo que la aptitud de un trabajador es positiva, no se debe caer en el error de no vigilar el otro concepto que abordamos en el post, la actitud. Existen infinidad de casos de trabajadores con grandes cualidades técnicas pero con la moral completamente minada. Son trabajadores desmotivados y si no se les vigila pueden hacer mucho daño a la empresa.

Son los que, para disgusto de la RAE, he denominado como “Inectos” y de los cuáles, hablaremos en el artículo de hoy, viendo como su existencia, influye en el resto de la compañía de manera preponderante.

Con la ayuda de lo que aquí se comente, podremos determinar la fuerza que debemos imprimir a la patada en el culo, que se merecen estos perfiles de trabajador.

Empecemos considerando que tenemos cerca de nosotros a un total “inecto” que a su vez es muy apto.

Pongamos un ejemplo para verlo más claro:

Agustín, lleva 25 años en la cadena de montaje de una prestigiosa fábrica de sillas. Su trabajo consiste en ensamblar las patas al asiento. Fruto de su “efecto experiencia” es capaz de ensamblar las patas a las sillas mucho más rápido que el resto de sus compañeros que trabajan en la cadena.

Si definimos la productividad de esta tarea como el número de patas que puede ensamblar Agustín en una hora, pronto observamos que no hay nadie como él. Es capaz, con poco esfuerzo, de ensamblar 100 patas en tan solo una hora. El resto de sus compañeros llega a 85 como máximo.

Se ha comprobado que, fruto de su desmotivación, Agustín se ausenta de su puesto de trabajo una media de un día a la semana. Mientras tanto, el resto de sus compañeros, raramente falta a su puesto de trabajo.

A nivel salarial, y debido a su antigüedad y pericia, Agustín cobra casi un 40 % más que sus compañeros. A este acuerdo se llegó en el pasado, momento en el que Agustín, no apestaba a desmotivación allá por donde paseaba.

Veamos los números del ejemplo:

Agustín:100 patas X 8 horas X 4 días a la semana (Estadísticamente, siempre falta uno) = 3200 patas.
El resto: 85 patas X 8 horas X 5 días a la semana = 3400 patas.

Vemos rápidamente, sin la necesidad de hacer grandes esfuerzos
intelectuales de cálculo, que Agustín, aunque es más rápido y tiene una productividad más alta, produce menos que el resto.

Además, para más INRI, su sueldo es un 40% superior.

¿Justifica su alta productividad su presencia en la compañía? Parece que no.

Los hechos que hacen de Agustín un completo “Inecto” son los siguientes:

-Su elevado grado de Absentismo
-En sus días malos, irradia negatividad, creando conflictos entre sus compañeros, que ven reducida su productividad.
-No colabora en ningún acto aportando el Know-how que su experiencia le atribuye. Por el contrario, sí que pone la mano cuando hay que coger alguna recompensa en dinero o especie.
-Es muy irregular, presenta días de productividad nula que, valga la redundancia, condicionan los resultados globales de su rendimiento.
-Antepone sus intereses individuales a los del grupo, generando retrasos en la producción.

Todas estas acciones del amigo Agustín, se denominan en economía, externalidades negativas y juegan totalmente en contra del desarrollo y crecimiento de la empresa para la que trabaja.

Con la crisis desoladora e interminable en la que se hunde nuestro país, parece raro que una empresa se pueda permitir el lujo de tener en plantilla a este tipo de trabajadores.

En ocasiones las empresas se encuentran con barreras a la salida de este tipo de elementos como pudieran ser los altos costes de despido.

Causas de tener una plantilla con “inectos”

1. Inexistencia de un departamento o de una persona dedicada exclusivamente (O casi exclusivamente) a la gestión de los recursos humanos de la empresa.
2. Ninguna más.

Pues sí, estoy convencido de que la falta de un departamento dedicado exclusivamente a la gestión de personas, ha propiciado que no se detecten a tiempo los casos de empleados desmotivados o “inectos”.

La PYME española, por lo general, pasa olímpicamente del departamento de RRHH y sólo actúa como tal, cuando la necesidad de su intervención se vuelve vital. La ausencia de previsión y planificación en este ámbito es total y flagrante.

Lejos de la clásica creencia de que los RRHH sirven solamente para seleccionar, no podemos en ningún caso, olvidar la función que este departamento tiene como gestor del estado de ánimo de la plantilla o por ejemplo, la función que tiene para actuar como juez y mediador en los posibles conflictos que pudiesen aparecer en la plantilla de cualquier empresa.

Aquí en España, parece que no nos hemos dado cuenta todavía de que una empresa no puede funcionar de forma eficiente sin buenos recursos humanos.

Cuidamos de puta madre, factores productivos relativos a capital físico, pero, ¿Alguien cuida del capital humano? ¿Alguien se preocupa por profesionalizar las tareas relativas a la contratación o a la motivación?

Avanzar en este campo de batalla, minimizará el número de “inectos” en nuestras empresas y maximizará la rapidez con la que se detecten a estos individuos, abaratando por consiguiente, los costes de despido derivados de mantener en plantilla a estos perniciosos individuos.

Y hasta aquí puedo escribir…