ESTO NO TIENE ARREGLO.


Con poco listo que uno sea, ya sabe la frase que le espera cuando uno piensa en llevar a reparar esa televisión que había comprado hace apenas cuatro años:

“Eso no merece la pena arreglarlo”.

“Le va a salir más cara la reparación que un aparato nuevo”.

“Lamento comunicarle que ya no se fabrican piezas de ese modelo”.

Pero en realidad, el dependiente está pensando algo más parecido a esto:

“¡Insensato! ¿Que hace trayéndome ese modelo de televisión de hace 4 años? ¿Acaso espera que se lo repare?”.

Y tu suegra, al enterarse de la triste noticia de que se ha estropeado la caja tonta, exclama:

“Si es que…¡Ya no hacen cosas como las de antes!”.

Que mala suerte tiene el ser humano, en estos últimos años de pillería pro consumista generalizada, la vida útil de una gran cantidad de artículos, ha disminuido drásticamente. Los avances tecnológicos constantes no han conseguido alargar ni mantener la duración en años de cualquier cosa que compremos. Eso si, en esa televisión curvada último modelo, puedes verle a tu actor favorito y con todo detalle, hasta el más insignificante vello que le asome por la epidermis. Pronto, será suficiente con que las señoras, que en ese momento están fregando los cacharros de la última cena, a pesar de tener sus manos empapadas, digan desde la otra punta de la casa:

“Poner Sálvame, telecinco”.

Para que acto seguido, el aparato reconozca la orden de voz y encienda la tele de forma casi milagrosa.

Pero claro, avanzar tecnológicamente en aras de aumentar la durabilidad de un producto, no. Eso ni pensarlo, más bien todo lo contrario. Condenar al producto a una muerte segura, desde el momento que nace, es la moda que ha reinado y reina en estas últimas décadas.

Este fenómeno, para mí, un engaño en toda regla, se denomina obsolescencia programada y hoy será el protagonista de mi artículo.

El término obsolescencia, viene de obsoleto, que significa anticuado, inadecuado a las circunstancias actuales. Entonces, programar la obsolescencia, no es más que determinar a conciencia una fecha futura en la cual, el aparato tendrá muchas dificultades para sobrevivir. 

Por ejemplo, tras hacer una serie de pruebas, la empresa sabe aproximadamente, que ese chip que lleva dentro nuestro móvil, fallecerá quemado por el uso, dentro de dos años. Por supuesto, esa empresa, no tiene la más mínima intención de que el recambio de esa pieza, este disponible para cuando llegue ese momento. A ella, lo que le interesará en ese momento, es venderte a toda costa, su último estreno en telefonía móvil. Siguiendo con los móviles, a las compañías, se les ve el plumero en este sentido, cuando empiezan a sacar aplicaciones que ya no funcionarán en nuestros antiquísimos modelos.
Utilizar materiales de baja calidad y resistencia, es otra de las armas usadas, para obligarnos a comprar un producto, en intervalos más cortos de tiempo.

Investigando un poco sobre el tema, puedes leer datos tan escalofriantes como que el porcentaje de aparatos electrodomésticos que se deben reemplazar en sus cinco primeros años de vida se ha duplicado entre 2004 y 2012.
No siempre es culpa de los productores, dicen las estadísticas, que el 60% de los individuos que compran una televisión plana nueva, lo hacen porque ya se han aburrido de su viejo televisor. Pasa igual con los teléfonos móviles, somos nosotros mismos los que nos generamos la necesidad de cambiar un artículo que funciona a la perfección, por otro modelo reciente, cuya pantalla ha crecido medio centímetro. ¡Medio centímetro! ¡El tamaño importa! Además, con ese megapixel adicional que trae la cámara del nuevo modelo, saldré más favorecido en mis selfies.

Poner obstáculos a las reparaciones, es un síntoma evidente de programar obsolescencia. Tornillos fabricados para girar en una sola dirección, y piezas incrustadas en los lugares más inaccesibles de una lavadora, son ejemplos reales de prácticas llevadas a cabo en la actualidad.

Tostadoras, exprimidores, cafeteras, una maquinilla eléctrica de afeitar, sea lo que sea, podemos estar seguro de que pronto, estará en lo más profundo de nuestro cubo de basura. Podrían haber sido diseñados para resistir más eficientemente el uso y el paso del tiempo, pero no, no ha sido así. No se ha querido que sea así.

Hay un ejemplo histórico y posiblemente, de los primeros casos de obsolescencia programada. Ocurrió en Estados Unidos en el año 1924, cuando un grupo de empresarios y empresas, entre ellas General Electrics, acordó limitar la duración de sus bombillas, capaces de aguantar 2500 horas, a tan sólo 1000 horas. Según ellos, esto se hizo para regular el mercado e impedir la entrada de competencia que producía a baja calidad y a bajo coste. Muy bueno.

Cuentan los periódicos, que una vez Apple, allá por el año 2003, fue obligada por una sentencia judicial a retomar la fabricación de las baterías de repuesto de uno de sus modelos de mp3. Los demandantes, demostraron que el gigante de Cupertino, intencionadamente, había creado una batería cuya vida útil era considerablemente inferior a la del aparato al que alimentaban. Impresionante. Lo peor de todo, es que yo sospecho que estas mismas prácticas, se siguen repitiendo en nuestros días.

Otro argumento fabuloso para desenmascarar este fenómeno de obsolescencia programada, es la garantía ofrecida. En un pasado mejor, las empresas competían entre sí, por fabricar un producto de calidad, que resistiese estoicamente el paso del tiempo. Como eran tiempos mejores en lo que a honradez se refiere, con la compra de su producto, ofrecían al consumidor garantías de hasta diez años. ¿Hoy? Dos años que te ofrecen y porque les obliga la ley.

Países como Francia, ya luchan contra esta mala práctica y tienen en fase ya muy avanzada, una ley que pretende sancionar con multas de hasta 300.000€ y penas de hasta dos años de cárcel, para las empresas que deliberadamente, incurran en estos hábitos.  

Otra cuestión relacionada con esta temática, es el tema del medio ambiente, comprar un aparato nuevo cada vez con una frecuencia mayor, implica a su vez, deshacerse de otro, que pasará a tener la consideración de desecho. Es por esto, que en las propuestas legales efectuadas por nuestro vecino desarrollado, se incluyen medidas encaminadas a fomentar la utilización de piezas reutilizables en los aparatos eléctricos. Disminuir los residuos debe ser tarea de productores y consumidores, eso está cristalino.

En fin, hoy he querido esclarecer otra de las malas prácticas con las que convivimos y que para muchos pasan totalmente inadvertidas. Puede que alguno,de ustedes hayáis encontrado ahora una explicación a ese progresivo, misterioso y voraz deterioro que sufren los artículos que compramos en la actualidad. 

Pero no pasa nada, hay problemas aún más graves. Dejemos pues, que nos engañen un tiempecito más en este aspecto.

Pasad buena semana, amigos.

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