LA PRIMERA GRAN CRISIS


Me habréis leído alguna que otra vez, que la economía es una ciencia muy social. Lejos del falso mito que la envuelve y relaciona estrictamente con aspectos meramente técnicos, esta apasionante ciencia a la que este blog se dedica, encierra muchas vivencias y acontecimientos sociales. Algunos de ellos, como el que vamos a ver hoy, pienso que deberían ser conocido por todos ustedes, al menos, de forma general. Estoy hablando del Crack de 1929, la primera y gran crisis económica de la historia. En ella se destaparon los comportamientos humanos más irracionales e impulsivos jamás vistos hasta el momento. Dichos comportamientos fueron ocasionando unos efectos adversos en el mercado financiero que terminaron desencadenando la gran crisis. ¿Qué es lo que sucedió? Veámoslo.

Estados Unidos, año 1919. Una inmensa alegría recorre cada rincón del país. La causa, haber salido victoriosos de la Primera Guerra Mundial. Las calles se visten de gala, cada vez más automóviles recorren las ciudades. La sensación de euforia es generalizada entre la población. A este acontecimiento, se le suma la irrupción de la electricidad en las ciudades. Un momento, parémonos a pensar. No pasemos tan rápido, ¿os imagináis el cambio que supuso? Las ciudades se iluminaron para alegría de los ojos de las millones de personas que veían por primera vez enormes manzanas regadas por una infinidad de bombillas que adornaban las fachadas de los edificios más emblemáticos. Luces que invitaban a comprar. La industria, también beneficiada por esto, crecía como nunca. Los avances tecnológicos en múltiples campos eran algo cotidiano. Esta espiral positivista en la que estaban inmersos mis amigos americanos estaba propiciando que artículos que hasta entonces eran considerados de lujo, se convirtiesen en bienes de primera necesidad. Cada Maria o Mary, en este caso, necesitaba imperiosamente una aspiradora en su casa para “poder vivir”. El caso de la aspiradora se propagó cual plaga bíblica a todos los artículos que iban naciendo de la nada y de la potenciación en la cual el sector industrial se encontraba inmerso. Los nuevos sistemas de producción, el Taylorismo y el Fordismo empujaban toda esta bola de consumismo. La industria del automóvil, era la estrella del momento. Todo el mundo necesitaba un Ford o un Chrysler. Todo esto parece muy fácil de entender pero por las tripas financieras americanas estaban pasando cosas que más tarde conllevarían una tortuosa digestión. En esta época apareció por primera vez el pago a plazos, lo que hacía alcanzables, bienes impensables hasta el momento. Ahora se podía pagar poco a poco.

La economía era boyante y para colmo, de fondo había correteando una cosa llamada mercado de valores y en dónde se rumoreaba, se podía ganar dinero de forma cómoda y fácil. Hasta el momento, los únicos que operaban en Wall Street, eran los economistas y otros profesionales afines y conocedores del sector, hasta que la limpiadora del hotel, escuchó la enfática conversación mantenida entre aquellos dos opulentos empresarios que concluía con la frase, invierte todo en “Yokesé Society” y llamó a su marido, fontanero de profesión para animarle a que fuese a aquella oficina, en aquel edificio, cerca de Central Park,para depositar allí todos sus ahorros comprando acciones de la citada y en este caso, ficticia compañía.

No había ningún problema, en este mercado todos los valores eran alcistas. ¡Qué chollo! ¡He ganado equis mil dólares en una semana! serían frases y el pensamiento de moda en aquellos años, digo yo. El endeudamiento se introdujo sutilmente en este mercado también. La gente pedía prestado para especular y ganar más en bolsa. No requerían ningún tipo de asesoramiento financiero, invirtieses en el valor que invirtieses, este, no hacía otra cosa que subir.

En 1928 la bolsa arrojó beneficios de un 50% en sólo doce meses. El dinero se multiplicaba a espuertas.

Esta euforia se vivía hasta que un día, el economista, agotado tras una densa jornada laboral, escuchó al camarero contar varias historias de éxito al señor que vendía periódicos a la vez que lo invitaba a realizar una apuesta segura en el mercado de valores. El economista pensó que esta situación, por una parte de inversores sin ningún tipo de conocimientos y en segundo lugar, de constantes subidas, no podría sostenerse mucho en el tiempo. Sacó fuerzas de flaqueza y se apresuró a vender todas sus acciones. Había presagiado lo que se avecinaba. Cuando los demás entendidos se dieron cuenta de lo que había impulsado al economista a vender sus acciones, que seguían subiendo, hicieron lo propio, vendieron. Cuentan que un poco antes de la crisis, Rockefeller, tras escuchar a su limpiabotas hablar con cierto desparpajo sobre el comportamiento de unas acciones que el humilde trabajador tenía compradas, decidió dar la orden de vender todas sus acciones. Algo le olía mal al gran industrial estadounidense.

El jueves 24 de octubre de 1929, más conocido como el Jueves Negro (Black Thursday) había estado precedido de un final de jornada de miércoles en la que los precios de las acciones de las compañías automovilísticas habían descendido bruscamente. Nadie sabe muy bien el porqué, aunque puede que fuese debido a esas ventas masivas que estaban realizando los entendidos.

En estos días, los americanos se agolpaban en las puertas de la bolsa observando desesperados y sin poder hacer nada, como se esfumaban todos los ahorros de su vida. Para aquellas personas que habían pedido prestado el dinero para invertir en bolsa y ganar dinero fácil, el problema era doble. No tenían el dinero invertido inicialmente pero lo que ahora si tenían era una deuda que no podían pagar. Iban a pagar el precio de haber especulado, el precio de la codicia del ser humano.

Los arruinados crecían en progresión geométrica, de la mano de los suicidios. Las habitaciones de las plantas altas de los hoteles se encarecían con respecto a las bajas, porque eran más apropiadas para quitarse la vida.

Debido a esta repentina desaparición del dinero, las empresas empezaron a acumular stocks, no había quién comprase nada. Consecuencia de esto, comenzaron los despidos y nació el paro. Se habla que cerca de 14 millones de americanos se quedaron desempleados. Las empresas cerraban día tras día y unos seiscientos bancos quebraron en este dramático acontecimiento de la historia económica mundial.

En cinco jornadas veinticinco mil millones de dólares del Patrimonio de las familias estadounidenses se habían esfumado para siempre. Los elegantes mocasines de antaño se convirtieron en zapatos hechos de cartón y periódicos. La pobreza estaba haciendo una fuerte mella en la sociedad de aquella época.

Pronto, el caos económico y social americano cruzó el charco y se instaló sin preguntar en la dependiente economía europea. El desempleo fue el caldo de cultivo que engendró el movimiento Nazi entre otros movimientos radicales en divergentes extremos políticos. El pueblo consideró que un gobierno autoritario controlaría o calmaría la tan delicada situación que estaban atravesando. Sólo la economía de la URSS, ajena al libre mercado, no se vio afectada.

Por suerte para todos en 1933, un señor llamado Roosevelt, aterrizó en el gobierno estadounidense y estableció un plan de acción, llamado New Deal inspirado en ideas del famoso economista John Maynard Keynes, que aunque defendía el comercio libre, era consciente de que en determinadas ocasiones había que cerrar la economía de cara al exterior. Combatió el desempleo fomentando las inversiones, el crédito y el consumo. Subvencionó el sector agrícola, uno de los que más había caído con el crack del 29. Se subvencionó a los bancos, se crearon plazas en la Administración Pública. Se cambió el sistema de pensiones y jubilaciones, junto a una disminución de la jornada laboral como medida para combatir el paro.

En definitiva, en el año 1933 el gobierno supo reaccionar y actuó con cierta eficacia sobre la gran depresión del 29. Estamos en 2015, ¿estará nuestro actual gobierno adoptando medidas encaminadas a combatir en el sentido correcto la actual crisis que vivimos?

En este post, que abarca la crisis del 29 y los años posteriores, hemos contemplado el nacimiento de fenómenos tan importantes como el consumismo, las compras a plazos, el desempleo, los ultranacionalismos, entre otros. Es ese el motivo por el que hoy he querido dedicarle un hueco en LA BOLSA DE LANZA.

Espero que os haya gustado, enseñado o refrescado la memoria un poco.

Hasta la próxima, amigos.

Gracias por leer hasta aquí.

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