CANTA LA RANA (Reflexiones de un Batracio en Güéjar Sierra)


“Canta la rana debajo del agua, sueña con ser de una especie avanzada, de una inteligencia superior, sueña con ser la revolución…”

 

Buenos días lectores. Es Sábado Santo de un año cualquiera y el precioso y bucólico paisaje que me abraza en estos momentos, debe servirme de inspiración para escribir el post de esta semana.

Ya no se escucha a la rana, protagonista estelar de la última noche, quien ha cedido su puesto a un coro inmenso y celestial de aves, dirigidas por el gorrión chillón, que me deleita con su repertorio musical.

Como no podía ser de otra manera, hoy voy a escribir un post rural. Es mi penúltimo día en Güéjar Sierra (Granada) y me siento imbuido en este estilo de vida campestre, tan alejado del estrés y de la rutina diaria a la que normalmente estoy sometido.

Una de las primeras reflexiones que a uno se le vienen a la cabeza cuando piensa sobre la vida en un pueblo, es una necesidad que parecen sentir sus habitantes más jóvenes desde el momento que se plantean su futuro profesional. Esta necesidad no es otra que abandonar su pueblo y dirigirse hacia los núcleos urbanos colindantes en busca de oportunidades profesionales inalcanzables en estos entornos. Es una migración desde lo rural hacia lo urbano. Intercambiar el canto del ruiseñor por el zumbido de una sirena de bomberos, es el precio a pagar.

En un éxodo rural, son los jóvenes los que se van. Si es un viaje largo, lo harán los hombres aunque si generalizásemos, veríamos que las mujeres emigran en mayor número.

Este movimiento, iniciado “antes de”, pero acelerado con la Revolución Industrial es una realidad que se sigue dando a día de hoy, aunque puede que en menor medida en los últimos años. La crisis tan hostil, de la que parece, estamos saliendo, ha hecho mella en las ganas de hacer las maletas para buscar el sustento en destinos colindantes. Su, valga la redundancia, omnipresente presencia, ha convertido éxodos rurales en éxodos internacionales.

Llevamos ya años e incluso siglos presenciando este hecho, pero por suerte para todos, los pueblos rurales no han desaparecido como fuente generadora de riqueza económica. Yo acabo de encontrar a uno de los culpables, el turismo rural. Seguro que sin querer y por mera necesidad, alguien descubrió este magnífico nicho de mercado hace pocas décadas. Yo no le conozco personalmente pero alguien tuvo que inventar esto. Besemos por dónde pisa, si sois como yo, un enamorado de lo rural.

¿Nicho de Mercado? Descubrir un Nicho de Mercado es el aprovechamiento y satisfacción, por parte de los nuevos emprendedores o de las empresas ya existentes, de una nueva necesidad demandada por los consumidores que antes no existía en el mercado.

El turismo rural tiene muchas vertientes, en cuanto a tipos de alojamiento se refiere: los tradicionales campings, las cabañas de madera o bungalows y los alojamientos rurales contemporáneos, es decir, casas en mitad del campo o en pleno pueblo, cuyos propietarios han decidido rentabilizar, poniéndolas al servicio de aquellos que buscan unas vacaciones en el pueblo o en una alejada colina o desfiladero.

Y ahora me dirán que esto es competencia desleal, que muchos propietarios no declaran los alquileres, que no todas las casas cubren las medidas de seguridad (Muchas de ellas, absurdas.), etc. Lo que está claro es que han cubierto una demanda, que los propios hoteles no podían cubrir. No ofertaban suficientes plazas y tenían bastante olvidado el medio rural, por lo que de ninguna manera, deberían protestar por la existencia de estas alternativas de alojamiento. En mi amplia experiencia como usuario, me he encontrado de todo, desde una señora de avanzada edad gestionando las reservas, hasta empresas que competían en el sector, dividiendo las casas en habitaciones y acercándose, demasiado para mi gusto, al concepto tradicional de hotel.

¿Como se sostiene este alojamiento en el cual me encuentro?

Me explico. Yo he elegido un complejo, llamado Alixares, compuesto por aproximadamente una veintena de cabañas de madera, lo suficientemente separadas para preservar la intimidad de cada una de ellas, tal y como rezaba la descripción en su web. Nada más entrar, se aprecia claramente la cercanía con el huésped, como debería ser en todas las empresas familiares. Y ojo con lo de empresa familiar, que no debe relacionarse con el tamaño. Ford, Samsung y el propio Banco Santander, son para vuestra información, empresas familiares. No les pega mucho ese apelativo, ¿no pensáis?

La excelente limpieza convive en perfecta armonía con unas instalaciones para uso común, ávidas de mantenimiento. Estoy seguro de que esta trabajadora familia no recibe subvenciones que le ayuden a tal fin y si estas existen, para obtenerlas habría que atravesar la enrevesada maraña burocrática que todavía tenemos en este país. Pienso que es buen momento para que el gobierno, ayuntamientos o quién tenga esa competencia, se fijen en estas empresas que sin hacer mucho ruido, tanto están haciendo por el turismo español, nuestro principal motor. Lo que hacen, hasta el momento, me resulta personalmente insuficiente.

Pero bueno, confiemos en el buen hacer venidero y armémonos de paciencia. No queda otra. Estas familias son la primera cara que verán miles de turistas, nacionales y extranjeros, y que referenciarán nuestro país más allá de nuestras fronteras. Cuando veo en el telediario, que Hacienda va a perseguir con dureza a familias que alquilan casas para vacaciones me pregunto si no hay cosas más importantes que solucionar en este país.

No tengo ninguna queja de mi estancia, he disfrutado como un párvulo de mi cabaña de madera en Alixares, en Güéjar Sierra, cuna del Genil. Me he recorrido sus calles e impregnado de su encanto. Me ha deleitado con su gastronomía: desde saborear en La Solana, platos tradicionales como el Choto al estilo güejareño o la morcilla de la zona, hasta zambullirme en el relax y la comida internacional que ofrece Sulayr. He dado un salto y he alcanzado con facilidad la célebre e internacional Sierra Nevada. Desde los 1084 metros de elevación de este bello rinconcito de la sierra granadina, todo es más fácil.

Para terminar, quiero poner énfasis en el mensaje que quiero transmitir con este artículo, pensemos antes de actuar, puede que en nuestro pueblo de toda la vida tengamos excelentes oportunidades de inversión a nivel profesional y no las estemos viendo. El marcharse a la ciudad no debe ser la única opción. La ciudad se está agotando y no siempre ofrece las recompensas que esperamos encontrar. Muchas veces la solución está tan cerca, que no la podemos ver.

Dicen que hay que conformarse con lo que no podemos cambiar, actuar con fuerza y valentía sobre lo que sí podemos cambiar y usar el sentido común para distinguir entre estas dos cosas. Para algunos, esto último, es lo más complicado.

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