CERRADO POR VIRUS 

“Buenos días” queridos lectores:

Lo de buenos días, lo pongo entre comillas ya que me encuentro en medio de un proceso viral, con fiebre, que me va a impedir acudir a la cita semanal con el artículo de LA BOLSA DE LANZA.

La mayor parte de los artículos, requieren de un trabajo de documentación previo, para el cual, no me encuentro dispuesto.

Espero volver con fuerza dentro de siete u ocho días.

Disculpad

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LA PRIMERA GRAN CRISIS

Me habréis leído alguna que otra vez, que la economía es una ciencia muy social. Lejos del falso mito que la envuelve y relaciona estrictamente con aspectos meramente técnicos, esta apasionante ciencia a la que este blog se dedica, encierra muchas vivencias y acontecimientos sociales. Algunos de ellos, como el que vamos a ver hoy, pienso que deberían ser conocido por todos ustedes, al menos, de forma general. Estoy hablando del Crack de 1929, la primera y gran crisis económica de la historia. En ella se destaparon los comportamientos humanos más irracionales e impulsivos jamás vistos hasta el momento. Dichos comportamientos fueron ocasionando unos efectos adversos en el mercado financiero que terminaron desencadenando la gran crisis. ¿Qué es lo que sucedió? Veámoslo.

Estados Unidos, año 1919. Una inmensa alegría recorre cada rincón del país. La causa, haber salido victoriosos de la Primera Guerra Mundial. Las calles se visten de gala, cada vez más automóviles recorren las ciudades. La sensación de euforia es generalizada entre la población. A este acontecimiento, se le suma la irrupción de la electricidad en las ciudades. Un momento, parémonos a pensar. No pasemos tan rápido, ¿os imagináis el cambio que supuso? Las ciudades se iluminaron para alegría de los ojos de las millones de personas que veían por primera vez enormes manzanas regadas por una infinidad de bombillas que adornaban las fachadas de los edificios más emblemáticos. Luces que invitaban a comprar. La industria, también beneficiada por esto, crecía como nunca. Los avances tecnológicos en múltiples campos eran algo cotidiano. Esta espiral positivista en la que estaban inmersos mis amigos americanos estaba propiciando que artículos que hasta entonces eran considerados de lujo, se convirtiesen en bienes de primera necesidad. Cada Maria o Mary, en este caso, necesitaba imperiosamente una aspiradora en su casa para “poder vivir”. El caso de la aspiradora se propagó cual plaga bíblica a todos los artículos que iban naciendo de la nada y de la potenciación en la cual el sector industrial se encontraba inmerso. Los nuevos sistemas de producción, el Taylorismo y el Fordismo empujaban toda esta bola de consumismo. La industria del automóvil, era la estrella del momento. Todo el mundo necesitaba un Ford o un Chrysler. Todo esto parece muy fácil de entender pero por las tripas financieras americanas estaban pasando cosas que más tarde conllevarían una tortuosa digestión. En esta época apareció por primera vez el pago a plazos, lo que hacía alcanzables, bienes impensables hasta el momento. Ahora se podía pagar poco a poco.

La economía era boyante y para colmo, de fondo había correteando una cosa llamada mercado de valores y en dónde se rumoreaba, se podía ganar dinero de forma cómoda y fácil. Hasta el momento, los únicos que operaban en Wall Street, eran los economistas y otros profesionales afines y conocedores del sector, hasta que la limpiadora del hotel, escuchó la enfática conversación mantenida entre aquellos dos opulentos empresarios que concluía con la frase, invierte todo en “Yokesé Society” y llamó a su marido, fontanero de profesión para animarle a que fuese a aquella oficina, en aquel edificio, cerca de Central Park,para depositar allí todos sus ahorros comprando acciones de la citada y en este caso, ficticia compañía.

No había ningún problema, en este mercado todos los valores eran alcistas. ¡Qué chollo! ¡He ganado equis mil dólares en una semana! serían frases y el pensamiento de moda en aquellos años, digo yo. El endeudamiento se introdujo sutilmente en este mercado también. La gente pedía prestado para especular y ganar más en bolsa. No requerían ningún tipo de asesoramiento financiero, invirtieses en el valor que invirtieses, este, no hacía otra cosa que subir.

En 1928 la bolsa arrojó beneficios de un 50% en sólo doce meses. El dinero se multiplicaba a espuertas.

Esta euforia se vivía hasta que un día, el economista, agotado tras una densa jornada laboral, escuchó al camarero contar varias historias de éxito al señor que vendía periódicos a la vez que lo invitaba a realizar una apuesta segura en el mercado de valores. El economista pensó que esta situación, por una parte de inversores sin ningún tipo de conocimientos y en segundo lugar, de constantes subidas, no podría sostenerse mucho en el tiempo. Sacó fuerzas de flaqueza y se apresuró a vender todas sus acciones. Había presagiado lo que se avecinaba. Cuando los demás entendidos se dieron cuenta de lo que había impulsado al economista a vender sus acciones, que seguían subiendo, hicieron lo propio, vendieron. Cuentan que un poco antes de la crisis, Rockefeller, tras escuchar a su limpiabotas hablar con cierto desparpajo sobre el comportamiento de unas acciones que el humilde trabajador tenía compradas, decidió dar la orden de vender todas sus acciones. Algo le olía mal al gran industrial estadounidense.

El jueves 24 de octubre de 1929, más conocido como el Jueves Negro (Black Thursday) había estado precedido de un final de jornada de miércoles en la que los precios de las acciones de las compañías automovilísticas habían descendido bruscamente. Nadie sabe muy bien el porqué, aunque puede que fuese debido a esas ventas masivas que estaban realizando los entendidos.

En estos días, los americanos se agolpaban en las puertas de la bolsa observando desesperados y sin poder hacer nada, como se esfumaban todos los ahorros de su vida. Para aquellas personas que habían pedido prestado el dinero para invertir en bolsa y ganar dinero fácil, el problema era doble. No tenían el dinero invertido inicialmente pero lo que ahora si tenían era una deuda que no podían pagar. Iban a pagar el precio de haber especulado, el precio de la codicia del ser humano.

Los arruinados crecían en progresión geométrica, de la mano de los suicidios. Las habitaciones de las plantas altas de los hoteles se encarecían con respecto a las bajas, porque eran más apropiadas para quitarse la vida.

Debido a esta repentina desaparición del dinero, las empresas empezaron a acumular stocks, no había quién comprase nada. Consecuencia de esto, comenzaron los despidos y nació el paro. Se habla que cerca de 14 millones de americanos se quedaron desempleados. Las empresas cerraban día tras día y unos seiscientos bancos quebraron en este dramático acontecimiento de la historia económica mundial.

En cinco jornadas veinticinco mil millones de dólares del Patrimonio de las familias estadounidenses se habían esfumado para siempre. Los elegantes mocasines de antaño se convirtieron en zapatos hechos de cartón y periódicos. La pobreza estaba haciendo una fuerte mella en la sociedad de aquella época.

Pronto, el caos económico y social americano cruzó el charco y se instaló sin preguntar en la dependiente economía europea. El desempleo fue el caldo de cultivo que engendró el movimiento Nazi entre otros movimientos radicales en divergentes extremos políticos. El pueblo consideró que un gobierno autoritario controlaría o calmaría la tan delicada situación que estaban atravesando. Sólo la economía de la URSS, ajena al libre mercado, no se vio afectada.

Por suerte para todos en 1933, un señor llamado Roosevelt, aterrizó en el gobierno estadounidense y estableció un plan de acción, llamado New Deal inspirado en ideas del famoso economista John Maynard Keynes, que aunque defendía el comercio libre, era consciente de que en determinadas ocasiones había que cerrar la economía de cara al exterior. Combatió el desempleo fomentando las inversiones, el crédito y el consumo. Subvencionó el sector agrícola, uno de los que más había caído con el crack del 29. Se subvencionó a los bancos, se crearon plazas en la Administración Pública. Se cambió el sistema de pensiones y jubilaciones, junto a una disminución de la jornada laboral como medida para combatir el paro.

En definitiva, en el año 1933 el gobierno supo reaccionar y actuó con cierta eficacia sobre la gran depresión del 29. Estamos en 2015, ¿estará nuestro actual gobierno adoptando medidas encaminadas a combatir en el sentido correcto la actual crisis que vivimos?

En este post, que abarca la crisis del 29 y los años posteriores, hemos contemplado el nacimiento de fenómenos tan importantes como el consumismo, las compras a plazos, el desempleo, los ultranacionalismos, entre otros. Es ese el motivo por el que hoy he querido dedicarle un hueco en LA BOLSA DE LANZA.

Espero que os haya gustado, enseñado o refrescado la memoria un poco.

Hasta la próxima, amigos.

Gracias por leer hasta aquí.

LA TEORÍA DEL TRABAJADOR EMPRESA: LA MOTIVACIÓN Y EL SALARIO DE EFICIENCIA.

Restaba sólo un minuto para la conclusión de una provechosa jornada laboral. Los números habían hablado y la producción se había visto incrementada más de lo habitual. Este hecho se reflejaba en los sonrientes rostros de los encargados quienes apuraban los últimos minutos dando las pinceladas finales a la planificación de la jornada que previamente habían efectuado.

Entre el sonido de motores, perfectamente armonizado con el característico crujido que despedía la máquina para precintar, escuché mi nombre al final de una pregunta:

¿Qué hora es, José Manuel?

Las dos en punto, exclamé mirando a la cara de Alejandro, un operario de producción, la cual me desveló la inconformidad de esta persona con respecto al término tardío de la jornada laboral. Aún había que limpiar la Sala de Elaboración, preparar la materia prima del día siguiente, cambiarse de ropa y salir por la puerta “echando leches” camino a casa.

El reflejo de su rostro, que ya de por sí, me había desvelado mucha información, no era la única pista de mi sospecha. De mi respuesta, indicándole la hora exacta, emanó la suya: Esto no puede ser, yo no puedo salir tan tarde, aún tengo que coger el coche, llegar a casa, prepararme la comida, etc. En ese momento, sólo se me ocurrió culpar a la producción, que interrumpida por algún que otro pedido específico de algún cliente, se había alargado quince o veinte minutos más de lo normal, alcanzando las 14:00 horas, en lugar de las 13:40, hora a la que estaban acostumbradas las personas que conformaban el equipo de trabajo.

David, perplejo por la pregunta lanzada por Alejandro, escuchaba la respuesta con extrema atención. Sus ojos mostraban satisfacción por el trabajo realizado y compresión ante los minutos extraordinarios que había tenido ese día.

¿Por qué había a la vez quién sentía satisfacción y quién sentía indiferencia por el trabajo?

Este hecho puntual, es el que vamos a analizar brevemente en el artículo de hoy, buscando las explicaciones y detonantes para que el mismo se produjese.

La respuesta más fácil, pero no la mejor, fue la primera en visitar mi cerebro. Pensé repentinamente que está persona no tenía razón para protestar, que el trabajador debía automáticamente ser consciente del tipo de trabajo que realizaba y que debía saber que habría días o periodos puntuales en los que la producción se volvería más exigente con él y con el resto del equipo.

Estaba claro que esta respuesta, aún no siendo completamente falsa, no era del todo acertada. Puede que la raíz de esta “polémica” pregunta no radicase en el operario, sino en el responsable o los responsables del equipo.

Os enseñaré a continuación, dos errores que se pueden cometer y que no son achacables al operario.

El primero de ellos, se deriva de un aspecto tan psicológico como es la Motivación.

El segundo error que también estaba impidiéndonos, tener “trabajadores empresa”, guardaba relación con algo más palpable, el dinero, que en su aplicación al campo laboral, todos conocemos como salario, sueldo, paga o jornal.

1. LA MOTIVACIÓN.

Gracias a la pregunta de Alejandro, que en un principio consideré insolente, me di rápidamente cuenta de que mi equipo no estaba lo suficientemente motivado ni identificado con el nuevo proyecto de dirección implementado desde hace pocas semanas. Al día siguiente decidí que eso se tenía que acabar, por lo que decidí hacer partícipe al equipo de las cifras de producción que estábamos alcanzando, convirtiendo así, una mareante lista de días y número de kilos producidos, en algo parecido a la clasificación de la liga BBVA. Estábamos atravesando una excelente racha el el torneo y el equipo no lo sabía. Comunicando el hecho, es decir, el número, estaba a la vez dándoles información motivadora y agradeciéndoles su esfuerzo.

Antes de desvelar la cifra en cuanto a cantidad diaria producida, propuse un ejercicio mental de carácter matemático a mi equipo. No os asustéis, era sólo una porra, en la cual había unos premios para los tres operarios que mejor estimasen la cifra. No necesité ningún indicador que midiese motivación laboral, sus caras alegres y sus ocurrentes comentarios durante el periodo que les di para que afinasen su cifra, me desvelaron que la estrategia para aumentar la motivación estaba funcionando.

Las cifras, mis amados números, son sólo un ejemplo de las múltiples formas de las que disponemos para mantener a un equipo motivado psicológicamente.

A partir de hoy, mi equipo iba a ser partícipe de sus resultados y todo orientado a entrar en una espiral de superación de cifras. Objetivo sólo uno. Alcanzar el tope máximo en cuanto a capacidad productiva, sujeto a las restricciones físicas y tecnológicas que hay en todo proceso, claro. Ganar la liga, tener más puntos que la competencia o al menos,como punto de partida, muchos más puntos que la temporada anterior, debía ser nuestro objetivo a corto plazo.

En esta estrategia para aumentar la motivación, la información estaba fluyendo de arriba hacia abajo, de responsables a operarios.

Por otra parte, para obtener flujos de información en sentido contrario, llevaba ya días extrayendo cual practicante, información y consejos que pudiesen beneficiar al proceso productivo. Estaba implementando un “Brainstorming” pero en vez de modo tormenta, en modo de “chirimiri”. Expliquemos esto mejor. El “Brainstorming” es una técnica utilizada por muchas empresas punteras en la actualidad, es una Sesión de Lluvia oTormenta de ideas. Hacer una reunión de, por ejemplo, media hora a la semana, en la que todo el equipo, de pie y en círculo, aporte ideas de cara a mejorar el trabajo. Explicado esto, mi chirimiri, consistió y consiste en una incesante interlocución con el equipo, pero sin por el momento, detener la producción. Algo es algo.

Por último y para terminar con la motivación, como empresarios y/o responsables, deberíamos también promover y acometer acciones en las que la información sea recíproca y constante, formal e informal. ¿Se os ocurre alguna? ¿Cuántas comidas de empresa estamos haciendo al año? ¿Son suficientes?

Trabajar en la Motivación, en todas sus aristas, hará que el trabajador se identifique con el concepto de “Yo soy empresa”

2. EL SALARIO.

Conseguir un trabajador “Yo soy empresa” no es una misión fácil, una ardua tarea nos espera y seríamos unos pardillos si pensásemos que sólo con acciones psicológicas de motivación podríamos maximizar el esfuerzo de nuestros trabajadores. Poderoso caballero, es don dinero. El esfuerzo. Muchas veces, de complicada medición. Para combatir esto, los economistas Saphiro y Stiglitz, crearon el concepto de salario de eficiencia, en buena parte para explicar las causas del desempleo de la primera mitad de los años ochenta.

El nivel de desempleo, explicaría parte del esfuerzo de los trabajadores, a mayor tasa de paro, mayor esfuerzo. Se produce desempleo involuntario, es decir el mercado de trabajo no está en equilibrio, porque existen empresas que pagan salarios de eficiencia, por encima del que dictan las leyes de oferta y demanda. ¿Por qué una empresa querría pagar más de lo que dicta el señor mercado? Precisamente, para combatir el problema de la medición del esfuerzo del trabajador. La empresa, paga salarios por encima de otras empresas del sector, para inducir al trabajador a un esfuerzo máximo. Encontrar el punto salarial adecuado, para maximizar esfuerzos sin perjudicar en exceso a los costes de producción, una entretenida tarea. Ya por curiosidad, se llama salario de reserva, al que es consecuencia sólo de la oferta y demanda de trabajo.

Situaciones de desempleo alto, ayudarán a empresas que apliquen este sistema, aumentando el coste que supone para el trabajador reducir su esfuerzo y ser despedido. Volver a encontrar trabajo y además, con este sueldazo, es una quimera.

Así que la pregunta que nos tenemos que hacer es acerca de si nuestro salario, el que estamos pagando en estos momentos, está sumando o lastrando nuestra misión y objetivo de acercar al trabajador al concepto de empresa.

Dos de las muchas ramas en las que trabajar para mantener un equipo que se esfuerce y por tanto, que sea muy productivo, Motivación y Salario, han sido explicadas en este post. Espero que os aporten alguna que otra idea, tanto si estás en un bando, como si estás en el otro. Seguro que trabajando con ingenio y astucia en ellas, los dos bandos se convertirán en uno, acercándonos al concepto de trabajador empresa.

Hoy me he enrollado mucho. 😉

Adiós.

Este post está basado en una historia tan real como la vida misma pero por motivos de intimidad, los nombres han sido cambiados al azar, salvo el mío, lógicamente.

CANTA LA RANA (Reflexiones de un Batracio en Güéjar Sierra)

“Canta la rana debajo del agua, sueña con ser de una especie avanzada, de una inteligencia superior, sueña con ser la revolución…”

 

Buenos días lectores. Es Sábado Santo de un año cualquiera y el precioso y bucólico paisaje que me abraza en estos momentos, debe servirme de inspiración para escribir el post de esta semana.

Ya no se escucha a la rana, protagonista estelar de la última noche, quien ha cedido su puesto a un coro inmenso y celestial de aves, dirigidas por el gorrión chillón, que me deleita con su repertorio musical.

Como no podía ser de otra manera, hoy voy a escribir un post rural. Es mi penúltimo día en Güéjar Sierra (Granada) y me siento imbuido en este estilo de vida campestre, tan alejado del estrés y de la rutina diaria a la que normalmente estoy sometido.

Una de las primeras reflexiones que a uno se le vienen a la cabeza cuando piensa sobre la vida en un pueblo, es una necesidad que parecen sentir sus habitantes más jóvenes desde el momento que se plantean su futuro profesional. Esta necesidad no es otra que abandonar su pueblo y dirigirse hacia los núcleos urbanos colindantes en busca de oportunidades profesionales inalcanzables en estos entornos. Es una migración desde lo rural hacia lo urbano. Intercambiar el canto del ruiseñor por el zumbido de una sirena de bomberos, es el precio a pagar.

En un éxodo rural, son los jóvenes los que se van. Si es un viaje largo, lo harán los hombres aunque si generalizásemos, veríamos que las mujeres emigran en mayor número.

Este movimiento, iniciado “antes de”, pero acelerado con la Revolución Industrial es una realidad que se sigue dando a día de hoy, aunque puede que en menor medida en los últimos años. La crisis tan hostil, de la que parece, estamos saliendo, ha hecho mella en las ganas de hacer las maletas para buscar el sustento en destinos colindantes. Su, valga la redundancia, omnipresente presencia, ha convertido éxodos rurales en éxodos internacionales.

Llevamos ya años e incluso siglos presenciando este hecho, pero por suerte para todos, los pueblos rurales no han desaparecido como fuente generadora de riqueza económica. Yo acabo de encontrar a uno de los culpables, el turismo rural. Seguro que sin querer y por mera necesidad, alguien descubrió este magnífico nicho de mercado hace pocas décadas. Yo no le conozco personalmente pero alguien tuvo que inventar esto. Besemos por dónde pisa, si sois como yo, un enamorado de lo rural.

¿Nicho de Mercado? Descubrir un Nicho de Mercado es el aprovechamiento y satisfacción, por parte de los nuevos emprendedores o de las empresas ya existentes, de una nueva necesidad demandada por los consumidores que antes no existía en el mercado.

El turismo rural tiene muchas vertientes, en cuanto a tipos de alojamiento se refiere: los tradicionales campings, las cabañas de madera o bungalows y los alojamientos rurales contemporáneos, es decir, casas en mitad del campo o en pleno pueblo, cuyos propietarios han decidido rentabilizar, poniéndolas al servicio de aquellos que buscan unas vacaciones en el pueblo o en una alejada colina o desfiladero.

Y ahora me dirán que esto es competencia desleal, que muchos propietarios no declaran los alquileres, que no todas las casas cubren las medidas de seguridad (Muchas de ellas, absurdas.), etc. Lo que está claro es que han cubierto una demanda, que los propios hoteles no podían cubrir. No ofertaban suficientes plazas y tenían bastante olvidado el medio rural, por lo que de ninguna manera, deberían protestar por la existencia de estas alternativas de alojamiento. En mi amplia experiencia como usuario, me he encontrado de todo, desde una señora de avanzada edad gestionando las reservas, hasta empresas que competían en el sector, dividiendo las casas en habitaciones y acercándose, demasiado para mi gusto, al concepto tradicional de hotel.

¿Como se sostiene este alojamiento en el cual me encuentro?

Me explico. Yo he elegido un complejo, llamado Alixares, compuesto por aproximadamente una veintena de cabañas de madera, lo suficientemente separadas para preservar la intimidad de cada una de ellas, tal y como rezaba la descripción en su web. Nada más entrar, se aprecia claramente la cercanía con el huésped, como debería ser en todas las empresas familiares. Y ojo con lo de empresa familiar, que no debe relacionarse con el tamaño. Ford, Samsung y el propio Banco Santander, son para vuestra información, empresas familiares. No les pega mucho ese apelativo, ¿no pensáis?

La excelente limpieza convive en perfecta armonía con unas instalaciones para uso común, ávidas de mantenimiento. Estoy seguro de que esta trabajadora familia no recibe subvenciones que le ayuden a tal fin y si estas existen, para obtenerlas habría que atravesar la enrevesada maraña burocrática que todavía tenemos en este país. Pienso que es buen momento para que el gobierno, ayuntamientos o quién tenga esa competencia, se fijen en estas empresas que sin hacer mucho ruido, tanto están haciendo por el turismo español, nuestro principal motor. Lo que hacen, hasta el momento, me resulta personalmente insuficiente.

Pero bueno, confiemos en el buen hacer venidero y armémonos de paciencia. No queda otra. Estas familias son la primera cara que verán miles de turistas, nacionales y extranjeros, y que referenciarán nuestro país más allá de nuestras fronteras. Cuando veo en el telediario, que Hacienda va a perseguir con dureza a familias que alquilan casas para vacaciones me pregunto si no hay cosas más importantes que solucionar en este país.

No tengo ninguna queja de mi estancia, he disfrutado como un párvulo de mi cabaña de madera en Alixares, en Güéjar Sierra, cuna del Genil. Me he recorrido sus calles e impregnado de su encanto. Me ha deleitado con su gastronomía: desde saborear en La Solana, platos tradicionales como el Choto al estilo güejareño o la morcilla de la zona, hasta zambullirme en el relax y la comida internacional que ofrece Sulayr. He dado un salto y he alcanzado con facilidad la célebre e internacional Sierra Nevada. Desde los 1084 metros de elevación de este bello rinconcito de la sierra granadina, todo es más fácil.

Para terminar, quiero poner énfasis en el mensaje que quiero transmitir con este artículo, pensemos antes de actuar, puede que en nuestro pueblo de toda la vida tengamos excelentes oportunidades de inversión a nivel profesional y no las estemos viendo. El marcharse a la ciudad no debe ser la única opción. La ciudad se está agotando y no siempre ofrece las recompensas que esperamos encontrar. Muchas veces la solución está tan cerca, que no la podemos ver.

Dicen que hay que conformarse con lo que no podemos cambiar, actuar con fuerza y valentía sobre lo que sí podemos cambiar y usar el sentido común para distinguir entre estas dos cosas. Para algunos, esto último, es lo más complicado.