¿ES RACIONAL VOTAR? 


Buenos días, desde Andalucía, en tan señalado día, en aquel que muchos, luchan por la mayoría.

Luchar por la mayoría, por el interés común de los ciudadanos y no por intereses individuales suele ser el argumento empleado por los partidos para cumplir su fin de captar votos. Luchar por conseguir esta mayoría de votos, que le permita en este caso, gobernar Andalucía, es el premio cuyo ganador se dirime en esta jornada.

Los primeros estudios económicos sobre elecciones se dieron en los Siglos XVIII y XIX y ya intuiréis que no fueron en España, sino en USA y en el Reino Unido. Al principio, se analizó el comportamiento agregado o conjunto de los votantes o masa electoral. Fue más tarde, cuando se abordó el tema del voto, de manera individual y precisamente sobre este estudio individual, voy a empezar a construir este artículo.

Es domingo, hace un frío más penetrante de lo habitual para estas fechas, llueve con intensidad y una inoportuna ventisca, azota el barrio de un imaginario individuo que se está planteando el hecho de si ir o no ir a votar.

Tiempo atrás, nunca se había dudado sobre la conveniencia de acudir a las urnas. La masa electoral votaba porque sí, en base a sus percepciones sociológicas (raza,clase social, ideología religiosa, etc.) o en base a aspectos más psicológicos, cuando alcanzaban la racionalidad, se aferraban a un partido, al que seguirían durante el resto de sus vidas tal y como el ser humano se ha aferrado a multitud de dioses y diosas totalmente intangibles, siendo hechos extremadamente aislados, los cambios de partido dentro de la vida de un individuo.

Pero como decía antes, esos tiempos ya pasaron y ahora, tenemos a este amigo imaginario, analizando los costes de acudir a las urnas. Haciendo un pequeño esfuerzo intelectual, obtiene las siguientes conclusiones en cuanto a costes:

– Soportar el mal tiempo.
– Gastar una hora leyendo algo sobre los candidatos.
– Consumir el tiempo, de su único día libre a la semana, en el trayecto de ida y vuelta más la espera de la cola.
– Tiempo para deliberar acerca de su elección final.
– Coste de oportunidad: a lo qué tiene que renunciar por el hecho de ir a votar.

Estos costes, por suerte, no son económicos pero para soportarlos, este individuo contemporáneo, quiere algo a cambio. No se va a empapar literalmente, ni a mojar electoralmente, por mero amor al arte.

Piensa que por mucho que busque, no va a encontrar nada a corto plazo, que compense a las molestias ocasionadas por acudir al colegio que le han asignado a ejercer su voto. Entonces, ¿No es el voto, un acto un poco irracional?, se preguntaría quién está pensando en abstenerse. ¡Se puede desmoronar el sistema democrático!, exclamaría una persona para la cual supusiese un orgullo que su partido saliese vencedor y cuya intención firme es ir hoy a votar.

Podemos hablar de incertidumbre, si analizamos la probabilidad de que mi voto individual influya en el resultado final. Lógicamente esta probabilidad rozaría el cero en escenarios multitudinarios. Aún así, las personas votan, lo que demuestra que el comportamiento humano no siempre es racional. Si introducimos en este modelo, una variable que mida la convicción que tiene el individuo acerca de que su elección política es la mejor, tendríamos más fácil comprender porqué la gente vota.

También, para combatir el acto totalmente racional de no ir a votar, podríamos pensar en que para muchas personas, el acto de ir a votar, tiene un valor, que se le remunera mediante satisfacción por cumplir con la ética de ir a votar, por la satisfacción de sentirse adherido al sistema político y de creer que funciona y también por la ganancia que para el supone, mostrarse partidario de un bando de cara a sus vecinos.

Más argumentos amigos: Sucede también, cuando se avecinan elecciones muy igualadas, que el valor de la probabilidad que vimos antes, empieza a alejarse de cero. Y se aleja, promovida por el temor a que el voto ajeno, ponga la balanza del lado de mi oponente político.

Y siguiendo con el tema de ver porqué las personas votan aún sin obtener nada sustancial a cambio, aparecen de nuevo componentes tan humanas y sociales como el remordimiento o la ética. El remordimiento por pensar que mi decisión de votar o abstenerme, ha resultado importante en el resultado final que se ha producido.

Cuando hablo de la ética, me estoy refiriendo a que seguro que existe una parte representativa de la población acomodada económicamente, que no se muestra egoísta y que vota pensando en el bienestar común de sus compatriotas que tan mal lo están pasando y para los cuales, un resultado u otro, podría suponer cambios importantes en sus penosas vidas. Por el contrario, también votan aquellos que tienen mentalidades más egoístas y buscan mayor protección para su actual patrimonio, poniéndose de lado de un partido u otro.

Ya para concluir con este post tan político y tan objetivo a la vez – o al menos así he querido escribirlo – , podríamos plantearnos, en este debate de la abstención frente a la participación, qué sería lo justo en escenarios donde la abstención superase, o por poner un caso, aplastase al nivel de participación:

¿Navegar sin capitán?

Pregunto.

Hasta la próxima y muchas gracias por leer hasta aquí.

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3 pensamientos en “¿ES RACIONAL VOTAR? 

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