¿QUÉ SON Y QUÉ HACEMOS CON LAS ECONOMÍAS COLABORATIVAS?


La burbuja especulativa produjo un estruendo tan fuerte, que despertó a la crisis. La crisis despertó al paro, que produjo hambre. El hambre desperezó al ingenio, que engendró a las economías colaborativas y estas últimas despertaron mi curiosidad y propiciaron que ahora os esté contando esto.

¿Cómo explico yo esto? ¿Cómo puedo hacer entender rápidamente que es una economía colaborativa? ¡Ya lo tengo! Usaré sólo una palabra, mejor dicho, una marca:

Blablacar

Seguro que ahora ya sabéis por dónde van los tiros, así que ahora, es el momento idóneo para definir el concepto de economía colaborativa:

También llamado Consumo colaborativo, es un sistema económico mediante el cual, los individuos comparten, intercambian, prestan y hasta regalan, bienes y servicios a través de una plataforma digital. El concepto se acuñó en 2007, pero no fue hasta 2010 cuando empezó a tomar fuerza.

Recientemente, el sistema ha sido avalado por la Unión Europea, que redactó un dictamen para regularlo y que valoraba este nuevo sistema de la siguiente forma:

“El consumo colaborativo representa la complementación ventajosa desde el punto de vista innovador, económico y ecológico de la economía de la producción por la economía del consumo.”

Un ejemplo curioso, en Estados Unidos hay 80.000.000 de taladros con un uso medio de 13 minutos. Vayamos a nuestro caso ¿Acaso no sería beneficioso tener por ejemplo diez taladros para todo el bloque en el que vivimos y compartirlos? Ese ahorro que hemos obtenido con los taladros podríamos generalizarlo a otros aplicado a otros objetos y servicios y seguir generándonos ventajas. ¿Qué pensáis?

Hasta la comida se intercambia en Shareyourmeal ¡Qué asco! Un momento, hay estudios que demuestran que aproximadamente un 40% de la comida se desperdicia. Ah bueno, entonces está bien, muy bien.

El ejemplo toma forma y se hace famoso, con el intercambio de vehículos, que en muchos casos llegaban a pasar el 95% de su vida útil en desuso. Compartir vehículo y trayecto ha supuesto un verdadero ahorro para los consumidores. Uff, pues yo no me fío de la persona que supuestamente conduciría el vehículo si finalmente, decido probar Blablacar o Uber Tranquilos, estas plataformas cuentan con un sistema de puntuaciones y calificaciones de los conductores que hacen que tengamos información acerca de la persona que nos va a llevar. Esta información nos tranquiliza y nos da el empujoncito definitivo para probar el consumo colaborativo.

Todo parece bonito hasta que se usan estas plataformas para esconder dumping o competencia desleal. Los sectores expatriados del mercado por el uso de estos sistemas, tienen este argumento para tratar de combatir el avance a pasos colosales que están experimentando estas empresas de economías colaborativas. Pensad en el sector del Taxi y tened claro que se iría al garete si finalmente Uber, vuelve a operar en España porque ganase el juicio que le impide operar en nuestro país. Yo no tengo claro si con esta medida estamos beneficiando al país o no. Estamos protegiendo el sector. Sí, pero a costa de la población, que se ve obligada a soportar mayores precios por un servicio muy muy similar. Y digo esto porque estoy seguro de que un taxi aporta más garantías que un Blablacar, pero a ver quién es el guapo que paga un taxi para hacerse un trayecto desde Málaga a Sevilla, con “la que está cayendo”.

En otros países, como por ejemplo Irlanda, la irrupción de estas compañías, ha provocado incluso la liberalización total del sector del Taxi. Cualquiera puede ejercer, ya no hacen falta permisos, salvo el de circulación, claro. Los tiempos de espera se han reducido sustancialmente y posiblemente estén proporcionado un servicio mucho más ágil. Supongo que los anteriores taxistas irlandeses se habrán reinventado a si mismos o se habrán hecho usuarios de estas empresas.

En el sector inmobiliario también ha habido controversia. El sector hotelero se ha sentido atacado y ha acusado de competencia desleal a las múltiples plataformas de intercambio de viviendas, como es el caso de AirBnb

En fin, el debate está abierto. ¿Qué aconsejaríais al gobierno español, abrir la puerta suavemente o romperle los dientes con la misma, a estas empresas de economía colaborativa?

Me encantaría qué colaboraseis con LA BOLSA DE LANZA, expresando vuestra opinión o compartiendo el artículo, claro, si es que os ha parecido interesante.

Gracias por leer hasta aquí.

Nos vemos pronto.

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6 pensamientos en “¿QUÉ SON Y QUÉ HACEMOS CON LAS ECONOMÍAS COLABORATIVAS?

  1. La pregunta del millón es que hacemos con todos esos actores del sector al que hemos pedido prebendas a cambio de poder ejercer una actividad económica.

    Debe devolver el estado todo lo que ha cobrado por licencias de taxi? Si deja actuar a Uber, consideró que si. Por no hablar de los conductores, es que deben darse de alta en autónomos? Y en el caso de airbnb, todo el negocio que “quita” a los hoteles… Como lo tasamos?

    Porque igual la ventaja competitiva de estos modelos es en gran medida el hecho que no pagan tantos impuestos como sus contrapartidas “tradicionales”, escudándose en vacíos legales. Y entonces estaríamos en otro debate: cuanto “Estado” queremos, y con ello, el rol de este en la distribución de rentas y gestión de servicios e infraestructuras.

    Cualquier decisión en este caso, independiente de la ideología que tengamos sobre el rol del estado, debe ser justa con todos los actores del mercado: Impuestos para todos o impuestos para ninguno!

  2. Pingback: ¿QUÉ SON Y QUÉ HACEMOS CON LAS ECONOMÍAS COLABORATIVAS? | yofumoenpipa

  3. Enhorabuena por la definición clara y precisa de lo que es el consumo colaborativo.

    El gobierno debe abrir paso a este nuevo modelo económico que revaloriza lo que otros ya no usan o quieren o apenas utilizan.

    Las nuevas empresas colaborativas aportan mejoras y ventajas al ciudadano, a la ciudad y por consecuencia al planeta. El trueque o intercambio siempre ha existido aunque durante décadas hayan sido acallados por el consumismo y ese afán ridículo de “tener y poseer”.

    Con la llegada de la crisis y la influencia de otros países, precursores de lo colaborativo, la sociedad española parece que ha vuelto a ver las ventajas de compartir gastos y de intercambiar cosas. Internet ha tenido un papel importantísimo en su expansión y en el cambio de mentalidad del ciudadano.

    El modelo tradicional y el modelo colaborativo pueden convivir estoy segura de ello porque son compatibles y se necesitan el uno al otro.

    Considero que sería positivo de cara a las empresas realmente colaborativas y a los usuarios que quieren hacer uso de las mismas que el gobierno estableciese un marco legal que defina la actividad de una plataforma colaborativa. Porque no todo es colaborativo, no todo fomenta un intercambio y luego hay abusos pese a que las empresas colaborativas tratan de autoregularse ellas mismas porque creen en sus valores y en el de sus comunidades de usuarios.

    Por último me gustaría apuntar que Airbnb no se puede considerar como una plataforma de intercambio de viviendas. En ningún momento hay reciprocidad de viviendas entre los interesados. Simplemente se pone a disposición un bien a cambio de una transacción económica.

    Saludos

    Ana

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