LA ROTACIÓN EXCESIVA DE PERSONAS.

“Domingo de Ramos, quién no estrena, no tiene manos”

No tiene manos, se decía de aquellos que carecían de trabajo y que por tanto, no habían tenido la oportunidad de iniciarse en el arte de la costura. No saber coser, les había impedido elaborarse ropas y vestidos nuevos con los cuales destacar en este señalado día. Yo veo un mensaje un poco cruel en el refrán y puesto que la frase se viene utilizando desde hace siglos, podemos ahora mismo darnos cuenta que el problema del desempleo ya era una cuestión de vital importancia desde los orígenes del ser humano.

Yo no necesito manos para coser y poder estrenar algo hoy. Me basta con una idea sobre la que escribir para alimentar el blog y de esta manera, evitar ser encuadrado en el lado de aquellos que no estrenan nada.

Hoy voy a hablar de personas, y en concreto de una de las causas o fenómenos que tendremos que vigilar, tanto si estamos a punto de entrar en una nueva organización, como si ya formamos parte de la empresa y somos la persona encargada de gestionar el recurso más valioso con abrumadora diferencia con el que cuenta cualquier compañía, el capital humano, es decir, las personas.

El fenómeno que hoy quiero analizar es la llamada Rotación de Personal y el objetivo de este análisis será asegurarse de que esta rotación de personas dentro de la empresa, no esté siendo excesiva.

Desde el punto de vista, de quién accede a un nuevo trabajo, le aconsejaría poderosamente investigar sobre este hecho y le invitaría a pensárselo dos veces antes de entrar a un lugar, donde históricamente, la rotación de personal viene siendo excesiva.

Desde la visión de quién gestiona a las personas dentro de la organización, convendría vigilar la rotación de personas que se está produciendo y si comprobamos que es excesiva, poner en marcha las medidas oportunas para combatir este hecho no deseable de cara a un óptimo funcionamiento de la empresa.

Para que podamos hablar de rotación, las nuevas entradas de personas, siempre irán acompañadas de una salida. Una empresa que está contratando mucho, no tiene porque estar incurriendo en este error, puede estar simplemente creciendo. Las caras nuevas que constantemente se incorporan al equipo de trabajo, conviven en armonía con experimentados obreros, poseedores de multitud de años a sus espaldas dentro de la empresa. Un ejemplo claro de empresa de la que tenemos que huir despavoridos es esa típica oferta de trabajo de una empresa cuyo nombre no hemos oído en la vida, que está buscando puestos comerciales de idénticas características y funciones todos los días. Lleva años haciéndolo, pero no conocemos su nombre porque lo cambia periódicamente ante notario. Cierran y abren la misma basura, pero con distinta razón social, despistando a aquellos individuos, que azotados por el látigo del desempleo actual que vivimos, alimentan las malas conductas que impunemente se producen a diario en este país. Esto si es rotación excesiva y viene dada en este caso, por las penosas condiciones laborales que ofrecen, propias de los tiempos de Julio César. El tiempo que tardan las personas en desenmascarar el engaño al que han sido sometidos, es coincidente con el tiempo en que la empresa puede vivir sin sentir la necesidad de contratar a una nueva persona, a una nueva víctima. Cuidado con estas prácticas. Denunciemos por si algún día, a alguien de los de ahí arriba, les da por hacer algo.

A través del prisma de quién gestiona las personas, podríamos correr el peligro de incurrir en problemas de excesiva rotación de personal si no hemos analizado el esfuerzo demandado por el puesto, es decir las Funciones, en relación a la recompensa que ofrecemos, que no es otra cosa que el Salario. Una mala determinación de los pesos que equilibran esta balanza nos llevaría a caer en este error.

Otro freno común a la continuidad del trabajador en la empresa, tiene mucho que ver con las posibilidades de promoción. Sin estas, una parte de nuestra plantilla, en concreto la formada por gente hambrienta de éxitos profesionales, abandonará la empresa cuando su deseo de crecer no sea posible por la ausencia de planes de carrera internos.

Pero sin ningún género de dudas, uno de los aspectos que considero más importantes en aras de avanzar en este terreno, es la vigilancia exhaustiva en materia de Motivación, felicidad y niveles de satisfacción laboral, que debemos fijar en nuestros equipos de trabajo. Lo haremos mediante la implementación de medidas encaminadas a la estimulación moral o material de los trabajadores. Mejorar, o al menos mantener, un adecuado clima laboral será sinónimo de éxito en esta misión de combatir la rotación.

Pero tranquilicémonos un poco, tenemos que ser conscientes de que existen bajas, derivadas de aspectos biológicos o socialmente necesarios, que no podremos ni tendremos que combatir o tratar de evitar. Son los casos de finalización de la vida laboral y de las salidas de personal hacia empresas de la competencia, que por dimensión, podrían arrebatarnos alguna de nuestras piezas más importantes, cuidemos el tema, pero no nos frustremos, son bajas inevitables. Si por el contrario los motivos de las bajas están viniendo por el sendero de la desmotivación o insatisfacción con las condiciones laborales vigentes, debemos actuar rápidamente.

Ya para concluir, extraeremos a modo de resumen, las dos respuestas a la siguiente pregunta. La primera de ellas para el caso del desempleado que busca empleo o para aquel trabajador en vías de acometer un cambio de empresa. La segunda respuesta o conclusión será seguro de cierta utilidad para aquel profesional cuya misión, sea la gestión de personas dentro de la empresa.

¿Por qué debemos vigilar la rotación?

Si somos un desempleado o estamos pensando en cambiar, debemos evitar presencia de excesiva rotación por el bien de la durabilidad o estabilidad a largo plazo de nuestro futuro empleo. Esto, beneficiará a nuestra coherencia curricular y evitará saltos excesivos entre distintos sectores y distintas empresas dentro de nuestro currículum vitae.

Si nos han encomendado la misión de gestionar personas y queremos hacerlo, de forma que estemos maximizando productividades (cantidad / horas necesarias de mano de obra) y minimizando costes, evitemos la rotación para mantener alto el volumen de bien o servicio producido y bajo el nivel de horas de mano de obra directa necesaria y por otra parte para evitar costes derivados de selección, integración y capacitación.

A día de hoy la productividad y el coste, deben gobernar con fuerza, si queremos ir por el camino correcto.

Me voy, no quiero gastar más tiempo en esta tarea.

😉

FELIZ CUMPLEAÑOS

Hoy es el primer cumpleaños de LA BOLSA DE LANZA.

Gracias a todos mis lectores por darme siempre esa motivación para que este proyecto, que hoy cumple un año de vida, continúe su curso.

Al principio, dudaba de la eficacia de escribir un blog como instrumento para conseguir un empleo. Eran tiempos difíciles, pero… ¡Qué equivocado estaba!
Pocos días antes de cumplir los once meses de existencia, la constancia en el trabajo semanal dentro del blog, dio su fruto. El blog se había convertido, y no precisamente sin querer, en el principal motivo de mi última contratación laboral. LA BOLSA DE LANZA y yo, habíamos conseguido cumplir nuestro objetivo, mi objetivo.

Podría haber sido conformista y haberlo abandonado al encontrar mi primer empleo tras el año y medio largo de paro. Fue allá por Julio de 2014 y por aquel entonces el blog tenía sólo cuatro meses. Pero no, ya era tarde, la economía en general, las finanzas, los temas de RRHH y sociedad me habían enganchado vigorosamente.

Sólo siete meses después ocurrió lo que antes os conté: Trabajar en una posición muy interesante profesionalmente hablando. Trabajar en lo que he estudiado,un verdadero privilegio dados los tiempos que corren. Por todo esto, hoy me enorgullezco de haber creado esta criatura, llena de información que considero útil, llena de penas y alegrías pero sobretodo, llena del cariño de todos vosotros.

Seguimos en contacto

José Manuel Lanza Pérez-Valenzuela

¿ES RACIONAL VOTAR? 

Buenos días, desde Andalucía, en tan señalado día, en aquel que muchos, luchan por la mayoría.

Luchar por la mayoría, por el interés común de los ciudadanos y no por intereses individuales suele ser el argumento empleado por los partidos para cumplir su fin de captar votos. Luchar por conseguir esta mayoría de votos, que le permita en este caso, gobernar Andalucía, es el premio cuyo ganador se dirime en esta jornada.

Los primeros estudios económicos sobre elecciones se dieron en los Siglos XVIII y XIX y ya intuiréis que no fueron en España, sino en USA y en el Reino Unido. Al principio, se analizó el comportamiento agregado o conjunto de los votantes o masa electoral. Fue más tarde, cuando se abordó el tema del voto, de manera individual y precisamente sobre este estudio individual, voy a empezar a construir este artículo.

Es domingo, hace un frío más penetrante de lo habitual para estas fechas, llueve con intensidad y una inoportuna ventisca, azota el barrio de un imaginario individuo que se está planteando el hecho de si ir o no ir a votar.

Tiempo atrás, nunca se había dudado sobre la conveniencia de acudir a las urnas. La masa electoral votaba porque sí, en base a sus percepciones sociológicas (raza,clase social, ideología religiosa, etc.) o en base a aspectos más psicológicos, cuando alcanzaban la racionalidad, se aferraban a un partido, al que seguirían durante el resto de sus vidas tal y como el ser humano se ha aferrado a multitud de dioses y diosas totalmente intangibles, siendo hechos extremadamente aislados, los cambios de partido dentro de la vida de un individuo.

Pero como decía antes, esos tiempos ya pasaron y ahora, tenemos a este amigo imaginario, analizando los costes de acudir a las urnas. Haciendo un pequeño esfuerzo intelectual, obtiene las siguientes conclusiones en cuanto a costes:

– Soportar el mal tiempo.
– Gastar una hora leyendo algo sobre los candidatos.
– Consumir el tiempo, de su único día libre a la semana, en el trayecto de ida y vuelta más la espera de la cola.
– Tiempo para deliberar acerca de su elección final.
– Coste de oportunidad: a lo qué tiene que renunciar por el hecho de ir a votar.

Estos costes, por suerte, no son económicos pero para soportarlos, este individuo contemporáneo, quiere algo a cambio. No se va a empapar literalmente, ni a mojar electoralmente, por mero amor al arte.

Piensa que por mucho que busque, no va a encontrar nada a corto plazo, que compense a las molestias ocasionadas por acudir al colegio que le han asignado a ejercer su voto. Entonces, ¿No es el voto, un acto un poco irracional?, se preguntaría quién está pensando en abstenerse. ¡Se puede desmoronar el sistema democrático!, exclamaría una persona para la cual supusiese un orgullo que su partido saliese vencedor y cuya intención firme es ir hoy a votar.

Podemos hablar de incertidumbre, si analizamos la probabilidad de que mi voto individual influya en el resultado final. Lógicamente esta probabilidad rozaría el cero en escenarios multitudinarios. Aún así, las personas votan, lo que demuestra que el comportamiento humano no siempre es racional. Si introducimos en este modelo, una variable que mida la convicción que tiene el individuo acerca de que su elección política es la mejor, tendríamos más fácil comprender porqué la gente vota.

También, para combatir el acto totalmente racional de no ir a votar, podríamos pensar en que para muchas personas, el acto de ir a votar, tiene un valor, que se le remunera mediante satisfacción por cumplir con la ética de ir a votar, por la satisfacción de sentirse adherido al sistema político y de creer que funciona y también por la ganancia que para el supone, mostrarse partidario de un bando de cara a sus vecinos.

Más argumentos amigos: Sucede también, cuando se avecinan elecciones muy igualadas, que el valor de la probabilidad que vimos antes, empieza a alejarse de cero. Y se aleja, promovida por el temor a que el voto ajeno, ponga la balanza del lado de mi oponente político.

Y siguiendo con el tema de ver porqué las personas votan aún sin obtener nada sustancial a cambio, aparecen de nuevo componentes tan humanas y sociales como el remordimiento o la ética. El remordimiento por pensar que mi decisión de votar o abstenerme, ha resultado importante en el resultado final que se ha producido.

Cuando hablo de la ética, me estoy refiriendo a que seguro que existe una parte representativa de la población acomodada económicamente, que no se muestra egoísta y que vota pensando en el bienestar común de sus compatriotas que tan mal lo están pasando y para los cuales, un resultado u otro, podría suponer cambios importantes en sus penosas vidas. Por el contrario, también votan aquellos que tienen mentalidades más egoístas y buscan mayor protección para su actual patrimonio, poniéndose de lado de un partido u otro.

Ya para concluir con este post tan político y tan objetivo a la vez – o al menos así he querido escribirlo – , podríamos plantearnos, en este debate de la abstención frente a la participación, qué sería lo justo en escenarios donde la abstención superase, o por poner un caso, aplastase al nivel de participación:

¿Navegar sin capitán?

Pregunto.

Hasta la próxima y muchas gracias por leer hasta aquí.

¿QUÉ SON Y QUÉ HACEMOS CON LAS ECONOMÍAS COLABORATIVAS?

La burbuja especulativa produjo un estruendo tan fuerte, que despertó a la crisis. La crisis despertó al paro, que produjo hambre. El hambre desperezó al ingenio, que engendró a las economías colaborativas y estas últimas despertaron mi curiosidad y propiciaron que ahora os esté contando esto.

¿Cómo explico yo esto? ¿Cómo puedo hacer entender rápidamente que es una economía colaborativa? ¡Ya lo tengo! Usaré sólo una palabra, mejor dicho, una marca:

Blablacar

Seguro que ahora ya sabéis por dónde van los tiros, así que ahora, es el momento idóneo para definir el concepto de economía colaborativa:

También llamado Consumo colaborativo, es un sistema económico mediante el cual, los individuos comparten, intercambian, prestan y hasta regalan, bienes y servicios a través de una plataforma digital. El concepto se acuñó en 2007, pero no fue hasta 2010 cuando empezó a tomar fuerza.

Recientemente, el sistema ha sido avalado por la Unión Europea, que redactó un dictamen para regularlo y que valoraba este nuevo sistema de la siguiente forma:

“El consumo colaborativo representa la complementación ventajosa desde el punto de vista innovador, económico y ecológico de la economía de la producción por la economía del consumo.”

Un ejemplo curioso, en Estados Unidos hay 80.000.000 de taladros con un uso medio de 13 minutos. Vayamos a nuestro caso ¿Acaso no sería beneficioso tener por ejemplo diez taladros para todo el bloque en el que vivimos y compartirlos? Ese ahorro que hemos obtenido con los taladros podríamos generalizarlo a otros aplicado a otros objetos y servicios y seguir generándonos ventajas. ¿Qué pensáis?

Hasta la comida se intercambia en Shareyourmeal ¡Qué asco! Un momento, hay estudios que demuestran que aproximadamente un 40% de la comida se desperdicia. Ah bueno, entonces está bien, muy bien.

El ejemplo toma forma y se hace famoso, con el intercambio de vehículos, que en muchos casos llegaban a pasar el 95% de su vida útil en desuso. Compartir vehículo y trayecto ha supuesto un verdadero ahorro para los consumidores. Uff, pues yo no me fío de la persona que supuestamente conduciría el vehículo si finalmente, decido probar Blablacar o Uber Tranquilos, estas plataformas cuentan con un sistema de puntuaciones y calificaciones de los conductores que hacen que tengamos información acerca de la persona que nos va a llevar. Esta información nos tranquiliza y nos da el empujoncito definitivo para probar el consumo colaborativo.

Todo parece bonito hasta que se usan estas plataformas para esconder dumping o competencia desleal. Los sectores expatriados del mercado por el uso de estos sistemas, tienen este argumento para tratar de combatir el avance a pasos colosales que están experimentando estas empresas de economías colaborativas. Pensad en el sector del Taxi y tened claro que se iría al garete si finalmente Uber, vuelve a operar en España porque ganase el juicio que le impide operar en nuestro país. Yo no tengo claro si con esta medida estamos beneficiando al país o no. Estamos protegiendo el sector. Sí, pero a costa de la población, que se ve obligada a soportar mayores precios por un servicio muy muy similar. Y digo esto porque estoy seguro de que un taxi aporta más garantías que un Blablacar, pero a ver quién es el guapo que paga un taxi para hacerse un trayecto desde Málaga a Sevilla, con “la que está cayendo”.

En otros países, como por ejemplo Irlanda, la irrupción de estas compañías, ha provocado incluso la liberalización total del sector del Taxi. Cualquiera puede ejercer, ya no hacen falta permisos, salvo el de circulación, claro. Los tiempos de espera se han reducido sustancialmente y posiblemente estén proporcionado un servicio mucho más ágil. Supongo que los anteriores taxistas irlandeses se habrán reinventado a si mismos o se habrán hecho usuarios de estas empresas.

En el sector inmobiliario también ha habido controversia. El sector hotelero se ha sentido atacado y ha acusado de competencia desleal a las múltiples plataformas de intercambio de viviendas, como es el caso de AirBnb

En fin, el debate está abierto. ¿Qué aconsejaríais al gobierno español, abrir la puerta suavemente o romperle los dientes con la misma, a estas empresas de economía colaborativa?

Me encantaría qué colaboraseis con LA BOLSA DE LANZA, expresando vuestra opinión o compartiendo el artículo, claro, si es que os ha parecido interesante.

Gracias por leer hasta aquí.

Nos vemos pronto.