PROPIETARIO Y DIRECTIVO: CADA MOCHUELO, A SU OLIVO.


Como si se tratase de un mandamiento bíblico, un decreto real o una sentencia firme del Supremo, existen aspectos, cuando se presume de comprender la ciencia económica, que hay que tenerlos bien claritos, livianos y comprendidos en su totalidad, sin que exista espacio, por muy ínfimo que sea, para la incertidumbre o duda.

En este post vamos a sentar las bases de un fenómeno que allá por los años treinta, irrumpió en la economía, haciendo las cosas más fáciles para la globalidad, pero intranquilizando las cabezotas de algunos propietarios, de mentalidad obsoleta y anclada en tiempos pasados en los cuales no se tenía tan claro, qué era una asignación eficiente de recursos.

Ha llegado el momento de hablar de LA SEPARACIÓN ENTRE PROPIEDAD Y CONTROL dentro de las empresas. Allá por el periodo que va desde 1932 hasta 1937, unos visionarios locos, perdón, unos economistas llamados Berle, Means y más tarde, Coase hablaron por primera vez de esta problemática. Casi noventa años más tarde, aquí está un curioso polluelo de la economía, Lanza, dispuesto a seguir hablando de lo que parece que aún hay gente que no se ha enterado.

Advertir que no pienso ponerme a hablar de la teoría de la agencia ni de nada que se le parezca, en este post quiero relacionar este fenómeno con un concepto muy a la orden del día, el liderazgo.

Para clarificar el fenómeno, presentemos a los actores:

1.- La Propiedad: Está formada por los dueños del capital, los que pusieron de su bolsillo dinero para crear la empresa. Son los denominados accionistas.

2.- El Control: Esta figura la cubren los Directivos, individuos que debido a su experiencia están cualificados para mandar en la empresa, sin ser dueños de la misma.

Una vez presentadas en sociedad estas dos “celebrities” , centrémonos en el meollo de la cuestión e intentemos llegar al concepto del líder.

La separación entre propiedad y control debe promoverse cuando se da alguna de estas circunstancias:

A) Ha crecido la dimensión o tamaño de la empresa, con esto ha aumentado el número de accionistas y la propiedad del capital se encuentra muy dispersa. La toma de decisiones recae sobre múltiples actores, que difícilmente pueden ponerse de acuerdo, generando ineficiencia. Al final se ven abocados a elegir a un directivo, de profesionalidad y prestigio contrastado ( a poder ser ) para que decida por ellos y por el bien común de la organización, que anteponga el beneficio colectivo de la empresa a los intereses individuales de cada propietario.

B) En este otro caso que expongo, tengo delante de mí a una empresa, que independientemente de su tamaño, tiene como directivos a propietarios del capital. En este escenario existe la posibilidad de que estos propietarios/directivos tengan las “skills” o habilidades necesarias para dirigir eficientemente, bien sean innatas o bien las hayan entrenado a conciencia. Pero claro, esto no siempre ocurre. He observado infinidad de casos en los que, no realizar esta discriminación en la empresa, ha llevado a la misma, a otra consiguiente infinidad de fracasos empresariales.

Las ventajas de “separar” parecen claras y rotundas en términos de eficiencia obtenida por una buena gestión del capital humano. Pero, ¿Existen inconvenientes? Si.

La gestión del riesgo por parte de un gestor, se vuelve demasiado conservadora. Muchas veces dejarán de acometerse proyectos nuevos para que no peligre la estabilidad y continuidad de los gestores. Al no participar en hipotéticos beneficios fruto de ese nuevo proyecto, el gestor no impulsará con fuerza los mismos.

La asimetría en la información que existe entre propiedad y control, puede provocar que los gestores, amos y señores de la información, antepongan intereses individuales a colectivos.

Podríamos solucionar esto como muchos lo hacen ya. Podemos pagar en acciones una parte del salario del directivo, darles la opción a comprar capital y podemos por último, ofrecerles bonos en función del beneficio. A ver si vamos ya pasando del “podemos” al “hacemos”. Es hora. Vamos tarde. Como siempre.

Bueno, a estas alturas del artículo, muchos habrán entendido de qué hablo y, viendo esta separación como una ventaja, sabrán que poner a un líder al mando de la gestión, es todo lo que deberíamos hacer si queremos hacer las cosas bien.

Entonces, ya hemos llegado a la conclusión de que la figura del gestor, directivo o profesional especializado es la mejor de las opciones para sustituir a un propietario no apto. Ahora, de lo que se trataría es de elegir a la persona apropiada para dirigir. Y para que funcione, deberíamos elegir a alguien con cualidades de líder.

A menudo he topado con gestores sin estas cualidades, personas hiper preparadas en aspectos técnicos y teóricos, verdaderos maestros de la materia, rebosantes de conocimiento pero totales “incultos” en el trato social. Saben tanto que no saben como transmitirlo. Incapaces de mirar a los ojos a cada miembro del equipo y tratar de discriminar qué diferencia a ese individuo, del resto de compañeros. Un líder debe dar un trato justo e igualitario para conseguir el cumplimiento de objetivos. Pero debe armonizar su metodología y adecuarla por separado a cada miembro.
Debe basar su liderazgo en aprovechar las fortalezas de cada miembro y no guiar su trabajo en base a las debilidades de los mismos.

Felicitará en público y recriminará en privado,los actos de los trabajadores que tiene a cargo.

Todas estas características o modos de actuación, conforman la figura del líder formal. En ausencia de este perfil entre su plantilla, la empresa deberá comprarlo fuera o preocuparse si dentro de sus empleados, hay alguno que pueda transformarse desde líder informal (sin cargo jerárquico) hasta líder formal, con poder de control y autorizado para toma de decisiones.

Una empresa con directivos líderes será una hucha inmejorable en la cual podremos rentabilizar nuestro ahorro.

¿Pensáis como yo?

Espero que no al 100%. Toda teoría debéis someterla a crítica y no adoptarla porque sí.

Ese es el camino de la mejora.

Os leo y me alegro, amigos.

¡Hasta otra!

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2 pensamientos en “PROPIETARIO Y DIRECTIVO: CADA MOCHUELO, A SU OLIVO.

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